El empresario que quería encontrar el pollo del mar
Manuel Fernández de Sousa aprendió el oficio de
su padre, al que muchos definen como «un empresario de los pies a la
cabeza», del que recibió las riendas de Pescanova, uno de los buques
insignia de la economía no ya gallega, sino mundial. Siempre las llevó
de una manera personalista. Sus deseos se convertían en órdenes para
cuantos le rodeaban. Los que le trataron de cerca aseguran que es una
persona con muchas aristas, «unas buenas y otras no tanto».
Lo que sí le reconocen hasta sus mayores enemigos
es que la Pescanova que él cogió hace casi cuatro décadas no se parece
en nada a la que se ha visto obligado a dejar. Multiplicó por cinco la
facturación y por diez el tamaño de la compañía.
No podía imaginárselo, pero el principio del fin
empezó a gestarse en los primeros años del siglo, cuando llegó a la
conclusión de que en la pesca extractiva había alcanzado la cota que
podía alcanzar y que, para seguir creciendo al ritmo que lo hacía, tenía
que apostar por la acuicultura. Su obsesión era encontrar el pollo del
mar, esto es, una especie de engorde rápido, con proteína de calidad y
un precio accesible.
Así fue como buscó los escenarios que consideró
más adecuados en el mapamundi -Chile, Nicaragua, Argentina,
Sudáfrica...- para embarcarse en la aventura de criar a gran escala
salmón, rodaballo, tilapia y panga. Con el langostino ya había acertado.
Se trataba de repetir éxito. El proyecto era muy ambicioso. Entendía
que los mercados de Europa y América del Sur se le quedaban pequeños y
que era el momento de dar el gran salto a Asia y a América del Norte.
Así proyecto nuevos centros de producción, entre ellos el de Mira
(Portugal).
Lo malo es que para crecer a lo grande,
necesitaba también dinero a lo grande. Y recurrió al crédito. Todo lo
proyectó y lo ejecutó a crédito. Empezó a crecer la bola de nieve. Al
principio pudo hacerle frente porque en los bancos y, sobre todo, en las
cajas, tenía prestamistas amigos. Pero estalló la crisis,
desaparecieron las cajas y la bola de nieve le desbordó.
Mantuvo las apariencias hasta que pudo, pero el
castillo de naipes terminó por derrumbarse. Con su mutis de ayer se
cierra una de las sagas familiares empresariales que han situado a Vigo y
a Galicia en el mapa.
El consejo da versiones contrapuestas sobre cómo fue la renuncia al cargo
La viabilidad de la compañía y la confianza en que
Pescanova renazca de su maraña contable parece ser lo único que
comparten el ya expresidente de la empresa -con sus consejeros fieles,
en los que ayer causó baja Ana Belén Barreras Ruano, según se notificó a
la CNMV- y el núcleo duro de sus críticos.
Y es que, como ya ocurriera en el pasado, no hay
una versión única de cómo se produjo la dimisión y cómo actuaron al
respecto los consejeros. Fuentes próximas al ya expresidente relataron
que Fernández de Sousa presentó su renuncia y propuso, en caso de que
hubiera acuerdo, a Alfonso Paz-Andrade para relevarlo en el cargo.
Al parecer, todos los consejeros, a excepción de
uno, votaron a favor de Paz-Andrade que, sin embargo, rechazó la
presidencia por no haber logrado respaldo unánime. Las mismas fuentes
próximas a Fernández de Sousa sostuvieron que «un consejero catalán se
propuso a sí mismo, pero no logró tantos apoyos», sin especificar más.
Esta versión choca con la de otras fuentes del
consejo, que aseguraron que el aún máximo responsable del mismo comenzó
diciendo que él estaba dispuesto a presentar su dimisión si hubiera
alguien que se presentara como presidente para sustituirlo. «Se hizo un
silencio -añaden- tras el que José Carceller dijo que si para que
Fernández de Sousa dimitiera hacía falta que alguien se presentara, que
entonces él lo haría». Los consultados señalaron que fue «la anécdota
del día», ya que la dimisión estaba preparada de antemano, sin la
sustitución de nadie. «Ya llevaba preparado su escrito», indican.
Preguntado por si había algún candidato para
ocupar la presidencia, ante los periodistas Fernández de Sousa respondió
con evasivas, diciendo que habrá que esperar a lo que decidan los
accionistas. Respecto a si temía que la compañía se desgalleguice
contestó que lo que él quiere es lo que se ha conseguido: ««Que
Pescanova no se liquide y siga con su proyecto, sea lo que resulte».
Piden una fianza de 927.317 euros para Sousa y Andrade
Gesrenta, accionista de Pescanova, ha solicitado a la
Audiencia Nacional que imponga una fianza solidaria al presidente de
Pescanova, Manuel Fernández Sousa, y al consejero Alfonso Paz Andradre
de 927.317 euros, y que se les amplíe la imputación por presuntos
delitos de fraude de inversores y estafa.
Así lo ha indicado Gesrenta en un escrito
remitido al Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia
Nacional, en el que detalla que esta petición se produce después de
conocerse algunas conclusiones del informe forense de la auditora KPMG.
Pide que, de no presentar la fianza solidaria reclamada, se les embarguen bienes hasta completar la cuantía.
Cuatro querellas
Gesrenta, cuya querella es una de las cuatro
admitidas en la Audiencia Nacional por el caso Pescanova, asegura que la
pérdida patrimonial de Pescanova, según se desprende de este informe,
«no es el fruto de los avatares del mercado, sino de presuntos hechos
delictivos».
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