Fernández de Sousa abandona
Con su cargo vencido desde abril, el presidente de Pescanova presentó ayer su dimisión
En otro golpe de efecto, el presidente de Pescanova e
hijo del fundador de la empresa, Manuel Fernández de Sousa, dimitió ayer
de su cargo al frente del consejo de administración, aunque seguirá
como consejero. Tras seis horas de reunión -el encuentro comenzó poco
después de las 11 de la mañana y no concluyó hasta casi las 17.30 horas-
Fernández de Sousa salió del edificio principal de la pesquera, en
Chapela (Vigo) y, tras saludar uno por uno a los cámaras y periodistas
que le esperaban desde hacía horas en la puerta, hizo una escueta
declaración con la que puso punto final a más de treinta años al frente
de la compañía.
Visiblemente emocionado, con los ojos llorosos y
a punto de estallar en lágrimas, asumió la responsabilidad de los
«errores importantes» recogidos en la auditoría forense realizada por
KPMG. En una comparecencia de apenas cinco minutos manifestó que tras
«37 años ha habido aciertos y errores, pero Pescanova está ahí, es una
gran empresa y lo que he hecho en este tiempo ha sido que siguiera viva,
con todos sus trabajadores cobrando y los barcos pescando, y ese era mi
objetivo como máximo responsable de la empresa».
En su intervención, prácticamente repitió uno por
uno los argumentos que ya dio la semana pasada en Madrid tras la
reunión a la que Deloitte, como administrador concursal, convocó a los
consejeros para analizar el espinoso documento de KPMG, que le sitúa en
la cúspide de una trama diseñada y ejecutada durante años, con ayuda de
otros cinco directivos, para ocultar la deuda real de la empresa y
lograr financiación para poder proseguir con la actividad de la
compañía.
Tres meses resistiéndose
El presidente, cuyo cargo había vencido -al igual
que el de Alfonso Paz-Andrade- el pasado mes de abril, volvió a
recordar que la reunión de ayer del consejo era consecuencia del informe
forense que él mismo propuso encargar a mediados de abril, después de
que el 12 de marzo comunicara a la Comisión Nacional del Mercado de
Valores la existencia de discrepancias contables que impedirían
presentar las cuentas plazo.
«Buscamos una firma independiente que no fuera el
auditor, BDO, del que pensamos que hizo un trabajo deficiente, como así
se ha demostrado», insistió el ya expresidente. Sobre el informe de
KPMG señaló que «hay cosas en las que podemos estar más o menos de
acuerdo, pero cumple lo que queríamos transmitir: la situación real de
la empresa, la transparencia y la deuda sobre la que tanto se nos ha
preguntado estos meses, que sí dimos en marzo a la CNMV y que ahora se
ha confirmado que los datos son correctos».
Fernández de Sousa, que continuará siendo
consejero en Pescanova, reconoció que «todos los errores tienen una
explicación, pero no dejan de serlo, por lo que es obligado presentar mi
dimisión». Reconoció igualmente que ya era consciente desde el pasado
mes de marzo, cuando notificaron los problemas de Pescanova, de que al
final del período de transición tendría que dimitir. «Nadie es
insustituible y yo tampoco lo soy», terminó diciendo.
Adiós tras el informe de KPMG
«El informe forense de KPMG ha sido tan demoledor
que no le ha quedado más remedio que dimitir, lo que equivale a asumir
su responsabilidad». Esta era la lectura que ayer hacía el segundo
accionista de Pescanova, la cervecera catalana Damm, representada en el
consejo por José Carceller, de la decisión de Fernández de Sousa.
«Ahora se abre una nueva etapa en la compañía y
hay que asegurarse de que las prácticas corruptas del antiguo equipo se
acaban con el presidente saliente», señalaron desde Damm, para añadir
que ahora «es responsabilidad del consejo nombrar al presidente que más
garantías pueda dar a la continuidad de la sociedad, además de impulsar
un plan de negocio que se pueda presentar ante el administrador
concursal y la banca para que Pescanova siga adelante».
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