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2 de septiembre de 2011

Faro de Vigo

Factoría Naval envía a casa a su plantilla hasta diciembre mientras busca clientes

Una decena de trabajadores sigue en la empresa con tareas comerciales

Factoría Naval de Marín continúa caminando al borde del abismo dieciocho meses después de que estallase una profunda crisis que la condujo a un proceso concursal (antigua suspensión de pagos) del que salió a duras penas y del que no ha conseguido recuperarse.
Con tres megayates a medio construir, en dique seco y sin compradores a la vista, y con una cartera de pedidos vacía, el astillero marinense puso en marcha este verano un nuevo expediente de regulación de empleo (ERE) que mantendrá al grueso de la plantilla en casa hasta el mes de diciembre, según confirman fuentes de CC OO, sindicato que ve con preocupación como el tiempo pasa y como sobre la crítica situación de la empresa planea una crisis generalizada del sector naval "que puede ser su puntilla".
Mientras que la incertidumbre crece, la dirección de Factoría Naval trata de sortear el temporal en dos frentes: por un lado intentando captar trabajo para lo cual compite con otros astilleros en el campo de la reparación y mantenimiento de buques y barcos de todo tipo, y por otro desarrollando una ingente tarea comercial con el fin de captar nuevos clientes que garanticen la viabilidad de una empresa especialmente mimada por la Xunta de Galicia.
La administración autonómica, a través de la Consellería de Economía e Industria y el Igape, ha aportado en inyecciones de capital, avales y créditos más de 22 millones de euros para posibilitar su recuperación, alegando el peso económico y laboral de la empresa en la comarca y en el conjunto de la provincia.
Especializada en embarcaciones de lujo pero también en buques off-shore, Factoría Naval pretende recuperar su posición en el mercado nacional e internacional.

Reto

La entrega del primer buque Stand by rescue (sísmico o X-bow) contratado por la armadora noruega Esvagst el pasado mes de febrero y el traslado de su buque gemelo al astillero Armón para su finalización tres meses después dejó a Factoría Naval con el reto inaplazable de encontrar compradores-inversores para dos megayates de lujo (unidades Y-101 e Y-102) y para el que tenía que ser el velero más grande del mundo (el Sea Cloud Hussar) que están inacabados y varados en sus instalaciones esperando financiación.

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