La auditora de Pescanova se enteró en una cena en Vigo del desfase
BDO se escuda en que «históricamente todo era correcto» y acusa al equipo de De Sousa de ocultar las verdaderas cuentas
La empresa que auditó las cuentas de Pescanova desde el
2002 al 2012 se enteró en una cena celebrada en Vigo el pasado 10 de
marzo (nueve días después de que la compañía acudiera al preconcurso de
acreedores), de la existencia de un desfase contable que acabó
destapando una deuda de 3.674 millones.
Santiago Sañé, socio de la auditora, explicó ayer
ante el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz que fue en esa cena con
Alfredo López Uroz (ex director financiero) y Joaquín Viña Tamargo
(jefe de auditoría y responsable de la consolidación contable) cuando se
enteró de una situación que calificó de inverosímil. «No lo creía,
pensaba que todo era un error, parecía algo fantástico», dijo ayer el
auditor, que cifró en 883.000 euros la factura cobrada por sus servicios
a Pescanova en el 2012; y en 325.000 euros, el coste de su labor para
la empresa en años anteriores.
Sañé cargó contra la antigua cúpula de Pescanova
por ocultar información. Como ejemplo, hizo referencia a un consejo
celebrado el 14 de marzo: «Se nos dio un balance nuevo con un
incremento de la deuda de 800 millones, y varios consejeros nos pidieron
que no dijéramos nada», afirmó. Preguntado sobre a quiénes se refería,
citó al expresidente, Manuel Fernández de Sousa, y a su hermano,
Fernando Fernández de Sousa.
Contabilidad paralela
A preguntas del fiscal, reconoció que no
contrastó la deuda bancaria con la Central de Riesgos del Banco de
España, porque «históricamente todo era correcto», y porque no hubiera
detectado la falsedad de dichas operaciones «porque Pescanova lo sabía y
por eso diseñó esta falsa operativa para enmascarar una forma
fraudulenta de obtener financiación»
Sañé acusó a la compañía de crear una trama de
contabilidad paralela que recogía cuentas bancarias ocultas a los
auditores a nombre de sociedades extranjeras. «Existían dos Pescanovas:
la oficial, que nos daban para auditar; y la oculta, que recogía una
parte significativa de las transacciones, a la que no teníamos acceso»,
dijo. El auditor destapó un «inmenso volumen de facturación falsa» que
se escondía tras «un sistema sofisticado para engañar a bancos, auditor,
consejeros, accionistas y mercado».
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