Los 54,8 millones de fianza que el juez Ruz exige a Pescanova la llevan al límite
Deloitte comunicó a la CNMV que está «estudiando» qué consecuencias tendrá la medida
Pintan bastos para Pescanova. La decisión del juez de la
Audiencia Nacional Pablo Ruz de imponer a la empresa una fianza cercana
a los 55 millones de euros complica aún más el trabajo de la
administración concursal, en manos de Deloitte,
para mantener a flote la pesquera, a la que coloca en una situación
límite. Y así lo comunicaron ayer los administradores a la Comisión
Nacional del Mercado de Valores (CNMV) a través de un hecho relevante en
el que informaban al supervisor bursátil que Pescanova «está estudiando
las consecuencias y eficacia que la adopción de esta medida puede
tener», subrayando además «su situación de insolvencia y el proceso
concursal seguido ante el Juzgado de lo Mercantil».
En cualquier caso, aunque la causa que instruye
Ruz en la Audiencia Nacional es la derivada penal de las irregularidades
financieras de Pescanova y, por ello, completamente independiente y
paralela al proceso concursal de la pesquera, que la blinda frente a los
requerimientos de los acreedores, Deloitte está buscando resquicios
legales para aflojar el nudo corredizo que la fianza, de 54,8 millones
de euros, supone para la supervivencia de la empresa.
En el mismo hecho relevante, Santiago Hurtado
-administrador concursal junto con Senén Touza- abre la puerta a
recurrir el auto de Ruz, apelando a la «defensa legal que, en su caso
proceda, en interés de Pescanova y sus acreedores».
La cuantía con la que hacer frente a la
responsabilidad civil -en caso de ser condenada en el proceso- es tan
elevada que equivale a casi todo el préstamo puente que la empresa firmó in extremis
a finales de junio. La línea de crédito con las principales entidades
acreedoras ascendía a un máximo de 56 millones de euros, de los que,
según fuentes financieras, aún no se ha dispuesto de más de 20.
La empresa es la «delincuente»
La reforma del Código Penal que entró en vigor en
diciembre del 2010 introdujo la responsabilidad penal de las personas
jurídicas, es decir, de las empresas, además de la de sus
administradores. Y es aquí donde encaja la exigencia económica que Ruz
impone a Pescanova, al imputarle un presunto delito de falseamiento de
información económico-financiera, tipificado en los artículos 282 bis y
288.
«Si, como sostiene el juez, ha habido una
falsedad, la titular de las cuentas es la propia Pescanova y, dado que
es la delincuente, la ejecutora del delito, se va contra el patrimonio
de la sociedad», explican los expertos consultados, que insisten en que
en este caso -sin precedentes- el juez Ruz no puede atender a la
situación económica de la firma (en insolvencia) sino asegurar la
protección de los accionistas engañados, especialmente de los
minoritarios.
«Manipular las cuentas es un delito gravísimo
porque es una cotizada. Hay que proteger al inversor», añaden esos
mismos expertos.
La banca da la espalda a Fernández de Sousa y lo aboca al embargo
Complicado, por no decir imposible. Esa es la respuesta
que fuentes financieras dan a la pregunta de si avalarán al
expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa, a la hora de
afrontar la fianza millonaria que la Audiencia Nacional acaba de
imponerle. «Es un asunto casi de estética, reputacional», insisten las
mismas fuentes. Porque aún están frescas las heridas que la opaca y
presuntamente delictiva gestión del otrora todopoderoso capitán de la
pesquera ha dejado en los números de las entidades bancarias, tanto
nacionales como internacionales.
Por eso todo apunta a que Fernández de Sousa se
verá abocado al embargo si finalmente la Sala de lo Penal de la
Audiencia Nacional, ante la que esta misma semana recurrirá el auto de
Ruz, no modifica sus términos o lo suspende.
El auto del magistrado daba al expresidente y
otros nueve consejeros y directivos, así como a seis empresas -Pescanova
entre ellas- diez días de plazo para depositar la fianza, que en el
caso de Fernández de Sousa se dispara. Porque a los 178,8 millones de
euros que le exige a título personal, se suman los de las tres empresas
de los que es administrador único (Inverpesca, Sociedad Gallega de
Importación de Carbones y Sociedad Anónima de Desarrollo y Control), con
cantidades de 69,4 millones por sociedad. Es decir, que de los 1.200
millones totales de responsabilidad civil marcados por Ruz, 387 tendrían
que salir del bolsillo del expresidente, además de los 69,4 millones
impuestos respectivamente a su hijo y a su hermano, ambos consejeros de
la empresa.
Los expertos están divididos sobre la posibilidad
de que el recurso de apelación contra el auto del juez logre paralizar
el plazo para hacer efectiva tal cuantía o, en su defecto, proceder al
embargo de bienes que la cubran.
«Los recursos a veces tienen efectos suspensivos
-que aplaza la ejecución hasta que se resuelve- y a veces devolutivos
-que el asunto lo resuelva el órgano superior, en este caso la Sala de
lo Penal de la Audiencia Nacional-, y es probable que en este caso la
apelación tenga ambos efectos», señala uno de los juristas consultados.
Asimismo, apunta además que, al estar en fase de instrucción, es decir,
en una fase aún inicial del proceso, al retrasar la medida «no se causa
daño a los inversores perjudicados».
Paralelamente al proceso penal, Deloitte también
informó ayer a la CNMV de que había remitido al Juzgado de lo Mercantil
de Pontevedra el informe concursal sobre Pescanova.
Aunque no ha trascendido su contenido detallado,
fuentes solventes aseguraron que su principal «novedad», al margen de
acotar la enorme deuda y el entramado societario, es que se cuantifica
el valor actual de la compañía. Cabe recordar que Carolina Masaveu, la
última en llegar como accionista de referencia, adquirió un 3,7 % -más
de un millón de títulos- por la simbólica cantidad de 107 euros.
Las imputaciones al expresidente crecen al sumarse la de obstruir la supervisión
En el auto de admisión a trámite de las primeras
querellas contra la cúpula de Pescanova, fechado en mayo, el juez imputó
al expresidente por la presunta comisión de tres delitos: falseamiento
de información económico-financiera, falseamiento de cuentas anuales y
uso de información relevante. Y los mismos tipos penales se los aplicó
también a Alfonso Paz-Andrade, ex consejero delegado y aún consejero de
la firma.
Pero, a tenor de la información remitida por la
CNMV y del contenido de la auditoría forense de KPMG, la lista de
delitos de los que se acusa a Fernández de Sousa se ha doblado, pues a
la estafa y a un delito continuado de falsedad en documento mercantil se
suma ahora un delito societario, concretamente el tipificado en el
artículo 249 del Código Penal. Y es que este último, que castiga la
remisión de «información incompleta, insuficiente y que omite aspectos
relevantes» a la CNMV, supone obstruir la labor del supervisor y por
ello se acusa en exclusiva al expresidente.
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