El heredero (in)tachable
El empresario, nieto de un ministro de Franco, controla ahora Pescanova
«Apártate, que me tiznas, le dijo la sartén al
cazo». Se podría aplicar a la guerra que han librado el expresidente de
Pescanova, Manuel Fernández de Sousa, y el presidente del grupo Damm, Demetrio Carceller, segundo accionista de la pesquera y que desde el jueves controla el consejo de administración.
Y es que, si Fernández de Sousa ha caído noqueado
en la firma que fundó su padre acusado de varios delitos -entre ellos
el falseamiento de información económico-financiera ocultando deuda para
conseguir financiación-, ahora parece que la bandera de la limpieza en
la gestión en la que se envolvieron los Carceller para hacerse con la
empresa tampoco estaba impoluta.
Deloitte, administrador concursal de Pescanova y
también auditor de Disa, la empresa petrolera de la saga Carceller -a
través de ella controlan Damm-, ha revelado en su informe de auditoría
que Disa se anotó beneficios ficticios el pasado año. Es decir, que los
49 millones que ganó según las cuentas depositadas en el Registro
Mercantil deberían haber sido números rojos como consecuencia de una
serie de pérdidas por negocios escogidos con poco tino, ya sea el caso
de la gallega o sus participaciones en Sacyr o en Bankia.
Porque no es el mejor momento para Demetrio
Carceller Arce, el tercer Carceller de una saga caracterizada por ser
depredadores discretos pero sin piedad en los negocios y que arranca en
la primera mitad del siglo pasado con su abuelo, Demetrio Carceller
Segura (Parras de Castellote, 1894), inmigrante turolense al textil de
Barcelona y que llegó a ser ministro de Industria de Franco y a amasar
bajo las alas del régimen una enorme fortuna.
Su hijo, también Demetrio Carceller, pero Coll de
segundo, y también industrial y financiero, continuó con los negocios
familiares centrados en el petróleo (Disa Corporación Petrolífera,
primera operadora de Canarias) y en la cerveza (Damm). Su heredero,
Demetrio Carceller Arce, con un lustroso currículo profesional
-licenciado en Empresariales por el Cunef, MBA por la Fuqua School of
Business en la universidad norteamericana de Duke y trilingüe-, comparte
con su progenitor su aversión a los focos, amén de un procesamiento en
la Audiencia Nacional por colaborar con él en un fraude de 72 millones a
Hacienda y blanqueo.
Hasta hace poco no había imágenes suyas, como
tampoco de su hermano José, consejero en Pescanova. Pero es posible que,
ironías del destino, el juez Pablo Ruz, que también es el terror de
Fernández de Sousa, los obligue a hacer paseíllos paralelos.
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