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5 de septiembre de 2013

Capital Madrid

 

El fondo CRMC compró 95.000 títulos de Pescanova antes de vender su participación a Carolina Masaveu

La junta de accionistas del día 12 dejará claro si hay pactos ocultos a favor o en contra de Demetrio Carceller 

La compra de 1.075.000 acciones de Pescanova (el 3,741% del capital de la sociedad) por parte de Carolina Masaveu Herrero, heredera junto a un hermano y una hermana del imperio de los Masaveu, genera varias preguntas difíciles de responder pero que tienen mucha importancia para los pequeños accionistas atrapados por la suspensión de cotización de la multinacional gallega. Para empezar, el fondo de inversión californiano que ha vendido las acciones lo ha hecho con importantes pérdidas y después de haber comprado títulos en los últimos meses. El precio aplicado a la operación es absolutamente ridículo en una transacción de mercado, por mucho que Pescanova esté en suspensión de pagos. Y la compra-venta se realiza justo cuando hay una pelea interna de accionistas cuyo último asalto puede librarse dentro de pocos días, en la Junta General de Accionistas. ¿Guarda todo esto alguna relación con el futuro de Pescanova, cuyo plan de viabilidad no ha visto todavía la luz? ¿Hay pactos ocultos para inclinar la balanza de los votos hacia una parte u otra de los accionistas de referencia? Con los datos en la mano es muy difícil responder a estas dos preguntas. Pero sí hay pistas que pueden ayudar a entender por dónde van los tiros en esta rocambolesca historia.
"La compra de acciones de Pescanova S.A., por la cual la sociedad Crisgadini S.L. ha superado el umbral del 3%, se ha realizado en el Mercado de Operaciones Especiales de la Bolsa de Barcelona el día 20 de agosto de 2013 tipificada como "Operaciones sobre Títulos con Cotización Suspendida" al amparo del Real Decreto 1416/1991 sobre Operaciones Bursátiles Especiales". Este el contenido de un escrito aclaratorio enviado a la CNMV un día después de declarar Carolina Masaveu (dueña de la sociedad Crisgadini S.L.) que había adquirido el 3,741% de Pescanova.
La operación está recogida, efectivamente, en el registro de operaciones del día 20 de agosto, acogida específicamente al artículo 13 del decreto 1416/1991, y en el apunte se señala que la transacción consta de 1.075.000 acciones de Pescanova a un precio de 0,0001 euros por título (un céntimo de euro por cada cien acciones), figurando como intermediario comprador la agencia Mercavalor y como intermediario vendedor BBVA.
El vendedor real de los títulos a Carolina Masaveu es, según se desprende de los registros de la CNMV, el fondo californiano Capital Research Management Company (CRMC), que mediante comunicación registrada con el número 2013120200, anunció a la autoridad bursátil española la venta de ese 3,741% del capital de Pescanova. El registro de entrada en la CNMV del referido documento tiene fecha de 26 de agosto, aunque está firmado en la ciudad de Los Ángeles (California) cuatro días antes, el 22 de agosto. Justo el día 26 fue cuando Carolina Masaveu comunicaba a su vez la compra de esos 1.075.000 títulos de Pescanova y 24 horas después explicaba que se trataba de una operación especial.
El escrito remitido desde Los Ángeles ya decía en el apartado de Información Adicional que "dado que las acciones de Pescanova ya no se cotizan en la Bolsa, las acciones manejadas por CRMC han sido vendidas a través de Iberclear en una excepcional transacción". Con ese lenguaje, fruto de una traducción literal y no muy buena del inglés americano, se dejaba constancia de la excepcionalidad de la operación.
Y efectivamente fue excepcional. Primero por el precio. Pagar un céntimo de euro por cada cien acciones de Pescanova supone valorar la sociedad en poco más de 2.800 euros (menos de lo que gana cualquiera de sus altos directivos en un mes). Y segundo porque el fondo californiano había comprado su participación a precios muy superiores y había engordado su cartera de títulos de la empresa pesquera en los últimos meses.
En cuanto a lo primero, el precio, hay que recordar que siete bancos (Sabadell, Popular, NovaGalicia Banco, CaixaBank, Bankia, Santander y BBVA) concedieron un préstamo sindicado de circulante de 52 millones de euros a finales de junio pasado (la Xunta de Galicia puso otros cuatro millones en la misma operación), en la que el administrador concursal de Pescanova puso como garantía la propia marca de la empresa. Quiere decir esto que los propios acreedores creen que la empresa vale mucho más de los menos de 3.000 euros en los que valora la sociedad la transacciones hecha entre el fondo californiano y Carolina Masaveu.
Segundos aspectos
La segunda cuestión tiene más que ver con la propia presencia de Capital Research Management Company en el capital de Pescanova. El 14 de febrero último, cuando la empresa pesquera gallega avanzaba ya hacia la suspensión de cotización, el fondo californiano declaraba en la CNMV que tras la compra de 191.604 acciones, tenía en su cartera 980.000 títulos de Pescanova, que suponían el 3,41% del capital. Al no ser consejero, el fondo no estaba obligado a declarar el precio de compra, pero seguro que no los adquirió a 0,0001 euros, como tampoco adquirió a ese ridículo precio los 788.396 títulos que tenía en su cartera desde mucho antes. Lo curioso del tema es que cuando le ha vendido su participación a Carolina Masaveu, el fondo CRMC era propietario de 95.000 títulos más de Pescanova, que ha adquirido entre febrero y agosto de este mismo año.
Es verdad que los fondos de inversión anglosajones tienen dos costumbres casi inquebrantables. Una, mantenerse apartado de las guerras de accionistas. Y otra, dar inicialmente por perdidas las inversiones en compañías que entran en concurso de acreedores. Esta segunda costumbre puede justificar contablemente la venta de las acciones de Pescanova prácticamente por nada (recibió 107,5 millones de euros por el 3,741% de la empresa), aunque posiblemente sea la primera, la de mantenerse fuera de las peleas, la que haya tenido más peso.
El pasado 14 de agosto, el administrador concursal enviaba a la CNMV un escrito en el que reproducía la propuesta de Damm de incluir en el orden del día de la junta de accionistas de Pescanova el cese de todo el consejo de administración actual (consta de once miembros, incluido el administrador concursal) y sustituirlo por otro más reducido, con siete consejeros.
Según los estatutos de Pescanova, cualquier accionista de la sociedad que tenga como mínimo el 5% del capital (Damm tiene el 6,2%) puede proponer nuevos puntos al orden del día de las juntas de accionistas. Haciendo uso de ese derecho, la cervecera dominada por el histórico empresario e inversor Demetrio Carceller, ha propuesto una lista de nuevos consejeros que en el fondo supone la expulsión de los órganos de poder de todos quienes hayan tenido algo que ver (a favor) con el ex presidente de Pescanova Manuel Fernández de Sousa.
En concreto, Careceller mantiene en primer lugar a su propio hermano José, como representante de Damm, y también deja en sus puestos de consejeros a François Tesch (en representación de Luxempart) y José Antonio Pérez-Nievas (por Iberfomento). Llama la atención también que propone dejar como consejero independiente a Yago Méndez, hijo del ex director general de Nova Caixa Galicia, y que pasó de ser uno de los fieles de Fernández de Sousa a uno de sus principales críticos dentro del consejo. Carceller propone así mismo como independientes a tres veteranos: Juan Manuel Urgoiti, ex presidente del Banco Gallego (intervenido por el FROB) y actualmente consejero independiente de Inditex; Luis Ángel Sánchez-Merlo, que fue colaborador de Leopoldo Calvo Sotelo y ahora es consejero independiente de la Sareb, y Alejandro Legarda Zaragüeta, en la actualidad consejero de CAF. Ninguno de ellos, como puede comprobarse, tienen nada que ver con la industria de la pesca ni de la acuicultura.
También es llamativo que en la lista de Carceller no está Alfonso Paz-Andrade, socio tradicional e histórico amigo de Manuel Fernández de Sousa. Y no parece ninguna casualidad que Carolina Masaveu se haya hecho con el 3,741% de la sociedad, paquete que supera claramente al 3,390% que tiene declarado en la CNMV José Pérez-Nievas. ¿Tiene algo que ver con el equilibrio de fuerzas para la junta de accionistas del próximo día 12 de este mes? La suma de participaciones de Damm, Luxempart e Iberfomento (propuestos como consejeros dominicales por Carceller) alcanza el 15,427% de la sociedad.
Los paquetes accionariales de Fernández de Sousa y Paz-Andrade suman un 10,551%, aunque hay un 5% más, en manos de una empresa denominada Silicom Metals Holding, domiciliada en Nueva York, pero que tiene su participación a través de cuatro sociedades ubicadas en las islas Caimán y en el paraíso fiscal empresarial de Delaware, que tiene toda la pinta de votar con el grupo de Fernández de Sousa. Con ello, los dos grupos tendrían un 15,427% (la lista de Carceller) y 15,551% (los partidarios de Fernández de SousaI). El 3,741% de Carolina Masaveu puede ser, pues, determinante. Y mucho más si alguien convence a la junta de accionistas que al tener más participación que Iberfomento tiene más derecho a estar en el consejo.
Pero aparte de toda esta batalla entre accionistas, que parece sacada de una película de intriga, sobre Pescanova pende la espada de Damocles de sus cuentas. Las últimas conocidas son las de septiembre de 2012, fecha en la que la generación de caja por operaciones del grupo era capaz, junto con la cifra de amortizaciones, de financiar las inversiones ordinarias (capex). La auditoría forense realizada tras el concurso de acreedores ha revelado, sin embargo, que la deuda financiera de Pescanova es de 3.281 millones de euros, casi tres veces la declarada a 30 de septiembre de 2012 (descontando la deuda comercial).
Al mismo tiempo, el informe señala que sin los ingresos ficticios apuntados por facturas cruzadas entre filiales del grupo y la cabecera, los beneficios declarados en los últimos años son, en realidad, 927 millones de euros de agujero contable. Pero algunas de las decisiones tomadas por el administrador concursal (Deloitte) muestran algunos rayos de esperanza sobre el futuro del grupo.
El más importante es, sin duda, el contrato de préstamo sindicado de liquidez firmado con siete bancos y la Xunta de Galicia en junio. Las cláusulas del préstamo señalan que Pescanova pone como garantía la marca comercial y la sede central del grupo. El tipo de interés es del Euribor más cuatro puntos (un 4,5% aproximadamente) y que la mitad del dinero (28 millones de los 56 prestados) debe ser devuelto en los cinco primeros meses (antes de finales de noviembre).
El plan de viabilidad que prepara Deloitte y que será remitido al Juzgado de lo Mercantil en estos días, contiene como uno de sus puntos la venta de activos para hacer caja. Y parece que el administrador concursal tiene confianza plena en que la generación por operaciones y las desinversiones serán capaces de cubrir los agujeros pendientes y devolver los 28 millones a la banca antes de noviembre. El próximo capítulo, el día 12 en la junta.

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