El fondo CRMC compró 95.000 títulos de Pescanova antes de vender su participación a Carolina Masaveu
La junta de accionistas del día 12 dejará claro si hay pactos ocultos a favor o en contra de Demetrio Carceller
La compra de 1.075.000
acciones de Pescanova (el 3,741% del capital de la sociedad) por parte
de Carolina Masaveu Herrero, heredera junto a un hermano y una hermana
del imperio de los Masaveu, genera varias preguntas difíciles de
responder pero que tienen mucha importancia para los pequeños
accionistas atrapados por la suspensión de cotización de la
multinacional gallega. Para empezar, el fondo de inversión californiano
que ha vendido las acciones lo ha hecho con importantes pérdidas y
después de haber comprado títulos en los últimos meses. El precio
aplicado a la operación es absolutamente ridículo en una transacción de
mercado, por mucho que Pescanova esté en suspensión de pagos. Y la
compra-venta se realiza justo cuando hay una pelea interna de
accionistas cuyo último asalto puede librarse dentro de pocos días, en
la Junta General de Accionistas. ¿Guarda todo esto alguna relación con
el futuro de Pescanova, cuyo plan de viabilidad no ha visto todavía la
luz? ¿Hay pactos ocultos para inclinar la balanza de los votos hacia una
parte u otra de los accionistas de referencia? Con los datos en la mano
es muy difícil responder a estas dos preguntas. Pero sí hay pistas que
pueden ayudar a entender por dónde van los tiros en esta rocambolesca
historia.
"La compra de acciones de Pescanova S.A., por la cual
la sociedad Crisgadini S.L. ha superado el umbral del 3%, se ha
realizado en el Mercado de Operaciones Especiales de la Bolsa de
Barcelona el día 20 de agosto de 2013 tipificada como "Operaciones sobre
Títulos con Cotización Suspendida" al amparo del Real Decreto 1416/1991
sobre Operaciones Bursátiles Especiales". Este el contenido de un
escrito aclaratorio enviado a la CNMV un día después de declarar
Carolina Masaveu (dueña de la sociedad Crisgadini S.L.) que había
adquirido el 3,741% de Pescanova.
La operación está recogida,
efectivamente, en el registro de operaciones del día 20 de agosto,
acogida específicamente al artículo 13 del decreto 1416/1991, y en el
apunte se señala que la transacción consta de 1.075.000 acciones de
Pescanova a un precio de 0,0001 euros por título (un céntimo de euro por
cada cien acciones), figurando como intermediario comprador la agencia
Mercavalor y como intermediario vendedor BBVA.
El vendedor real
de los títulos a Carolina Masaveu es, según se desprende de los
registros de la CNMV, el fondo californiano Capital Research Management
Company (CRMC), que mediante comunicación registrada con el número
2013120200, anunció a la autoridad bursátil española la venta de ese
3,741% del capital de Pescanova. El registro de entrada en la CNMV del
referido documento tiene fecha de 26 de agosto, aunque está firmado en
la ciudad de Los Ángeles (California) cuatro días antes, el 22 de
agosto. Justo el día 26 fue cuando Carolina Masaveu comunicaba a su vez
la compra de esos 1.075.000 títulos de Pescanova y 24 horas después
explicaba que se trataba de una operación especial.
El escrito
remitido desde Los Ángeles ya decía en el apartado de Información
Adicional que "dado que las acciones de Pescanova ya no se cotizan en la
Bolsa, las acciones manejadas por CRMC han sido vendidas a través de
Iberclear en una excepcional transacción". Con ese lenguaje, fruto de
una traducción literal y no muy buena del inglés americano, se dejaba
constancia de la excepcionalidad de la operación.
Y efectivamente
fue excepcional. Primero por el precio. Pagar un céntimo de euro por
cada cien acciones de Pescanova supone valorar la sociedad en poco más
de 2.800 euros (menos de lo que gana cualquiera de sus altos directivos
en un mes). Y segundo porque el fondo californiano había comprado su
participación a precios muy superiores y había engordado su cartera de
títulos de la empresa pesquera en los últimos meses.
En cuanto a
lo primero, el precio, hay que recordar que siete bancos (Sabadell,
Popular, NovaGalicia Banco, CaixaBank, Bankia, Santander y BBVA)
concedieron un préstamo sindicado de circulante de 52 millones de euros a
finales de junio pasado (la Xunta de Galicia puso otros cuatro millones
en la misma operación), en la que el administrador concursal de
Pescanova puso como garantía la propia marca de la empresa. Quiere decir
esto que los propios acreedores creen que la empresa vale mucho más de
los menos de 3.000 euros en los que valora la sociedad la transacciones
hecha entre el fondo californiano y Carolina Masaveu.
Segundos aspectos
La
segunda cuestión tiene más que ver con la propia presencia de Capital
Research Management Company en el capital de Pescanova. El 14 de febrero
último, cuando la empresa pesquera gallega avanzaba ya hacia la
suspensión de cotización, el fondo californiano declaraba en la CNMV que
tras la compra de 191.604 acciones, tenía en su cartera 980.000 títulos
de Pescanova, que suponían el 3,41% del capital. Al no ser consejero,
el fondo no estaba obligado a declarar el precio de compra, pero seguro
que no los adquirió a 0,0001 euros, como tampoco adquirió a ese ridículo
precio los 788.396 títulos que tenía en su cartera desde mucho antes.
Lo curioso del tema es que cuando le ha vendido su participación a
Carolina Masaveu, el fondo CRMC era propietario de 95.000 títulos más de
Pescanova, que ha adquirido entre febrero y agosto de este mismo año.
Es
verdad que los fondos de inversión anglosajones tienen dos costumbres
casi inquebrantables. Una, mantenerse apartado de las guerras de
accionistas. Y otra, dar inicialmente por perdidas las inversiones en
compañías que entran en concurso de acreedores. Esta segunda costumbre
puede justificar contablemente la venta de las acciones de Pescanova
prácticamente por nada (recibió 107,5 millones de euros por el 3,741% de
la empresa), aunque posiblemente sea la primera, la de mantenerse fuera
de las peleas, la que haya tenido más peso.
El pasado 14 de
agosto, el administrador concursal enviaba a la CNMV un escrito en el
que reproducía la propuesta de Damm de incluir en el orden del día de la
junta de accionistas de Pescanova el cese de todo el consejo de
administración actual (consta de once miembros, incluido el
administrador concursal) y sustituirlo por otro más reducido, con siete
consejeros.
Según los estatutos de Pescanova, cualquier
accionista de la sociedad que tenga como mínimo el 5% del capital (Damm
tiene el 6,2%) puede proponer nuevos puntos al orden del día de las
juntas de accionistas. Haciendo uso de ese derecho, la cervecera
dominada por el histórico empresario e inversor Demetrio Carceller, ha
propuesto una lista de nuevos consejeros que en el fondo supone la
expulsión de los órganos de poder de todos quienes hayan tenido algo que
ver (a favor) con el ex presidente de Pescanova Manuel Fernández de
Sousa.
En concreto, Careceller mantiene en primer lugar a su
propio hermano José, como representante de Damm, y también deja en sus
puestos de consejeros a François Tesch (en representación de Luxempart) y
José Antonio Pérez-Nievas (por Iberfomento). Llama la atención también
que propone dejar como consejero independiente a Yago Méndez, hijo del
ex director general de Nova Caixa Galicia, y que pasó de ser uno de los
fieles de Fernández de Sousa a uno de sus principales críticos dentro
del consejo. Carceller propone así mismo como independientes a tres
veteranos: Juan Manuel Urgoiti, ex presidente del Banco Gallego
(intervenido por el FROB) y actualmente consejero independiente de
Inditex; Luis Ángel Sánchez-Merlo, que fue colaborador de Leopoldo Calvo
Sotelo y ahora es consejero independiente de la Sareb, y Alejandro
Legarda Zaragüeta, en la actualidad consejero de CAF. Ninguno de ellos,
como puede comprobarse, tienen nada que ver con la industria de la pesca
ni de la acuicultura.
También es llamativo que en la lista de
Carceller no está Alfonso Paz-Andrade, socio tradicional e histórico
amigo de Manuel Fernández de Sousa. Y no parece ninguna casualidad que
Carolina Masaveu se haya hecho con el 3,741% de la sociedad, paquete que
supera claramente al 3,390% que tiene declarado en la CNMV José
Pérez-Nievas. ¿Tiene algo que ver con el equilibrio de fuerzas para la
junta de accionistas del próximo día 12 de este mes? La suma de
participaciones de Damm, Luxempart e Iberfomento (propuestos como
consejeros dominicales por Carceller) alcanza el 15,427% de la sociedad.
Los paquetes accionariales de Fernández de Sousa y Paz-Andrade
suman un 10,551%, aunque hay un 5% más, en manos de una empresa
denominada Silicom Metals Holding, domiciliada en Nueva York, pero que
tiene su participación a través de cuatro sociedades ubicadas en las
islas Caimán y en el paraíso fiscal empresarial de Delaware, que tiene
toda la pinta de votar con el grupo de Fernández de Sousa. Con ello, los
dos grupos tendrían un 15,427% (la lista de Carceller) y 15,551% (los
partidarios de Fernández de SousaI). El 3,741% de Carolina Masaveu puede
ser, pues, determinante. Y mucho más si alguien convence a la junta de
accionistas que al tener más participación que Iberfomento tiene más
derecho a estar en el consejo.
Pero aparte de toda esta batalla
entre accionistas, que parece sacada de una película de intriga, sobre
Pescanova pende la espada de Damocles de sus cuentas. Las últimas
conocidas son las de septiembre de 2012, fecha en la que la generación
de caja por operaciones del grupo era capaz, junto con la cifra de
amortizaciones, de financiar las inversiones ordinarias (capex). La
auditoría forense realizada tras el concurso de acreedores ha revelado,
sin embargo, que la deuda financiera de Pescanova es de 3.281 millones
de euros, casi tres veces la declarada a 30 de septiembre de 2012
(descontando la deuda comercial).
Al mismo tiempo, el informe
señala que sin los ingresos ficticios apuntados por facturas cruzadas
entre filiales del grupo y la cabecera, los beneficios declarados en los
últimos años son, en realidad, 927 millones de euros de agujero
contable. Pero algunas de las decisiones tomadas por el administrador
concursal (Deloitte) muestran algunos rayos de esperanza sobre el futuro
del grupo.
El más importante es, sin duda, el contrato de
préstamo sindicado de liquidez firmado con siete bancos y la Xunta de
Galicia en junio. Las cláusulas del préstamo señalan que Pescanova pone
como garantía la marca comercial y la sede central del grupo. El tipo de
interés es del Euribor más cuatro puntos (un 4,5% aproximadamente) y
que la mitad del dinero (28 millones de los 56 prestados) debe ser
devuelto en los cinco primeros meses (antes de finales de noviembre).
El
plan de viabilidad que prepara Deloitte y que será remitido al Juzgado
de lo Mercantil en estos días, contiene como uno de sus puntos la venta
de activos para hacer caja. Y parece que el administrador concursal
tiene confianza plena en que la generación por operaciones y las
desinversiones serán capaces de cubrir los agujeros pendientes y
devolver los 28 millones a la banca antes de noviembre. El próximo
capítulo, el día 12 en la junta.
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