Los astilleros se revuelven contra Bruselas
El sector vive una sequía de pedidos desde el expediente que pone en duda los incentivos
Primero la leche, luego la pesca y ahora el naval.
En Galicia, cuaja la percepción de que el chorreo de millones que la
Unión Europea ha destinado a la comunidad como región prioritaria no
compensa los posteriores mazazos que Bruselas le ha asestado a sus tres
pivotes productivos.
Con 1.500 kilómetros de costa asomada al Cantábrico y al Atlántico,
la economía gallega ha hecho del sector naval su motor industrial. Los
astilleros privados de la ría de Vigo —Barreras, Freire, Vulcano,
Metalships, Armón o Cardama— y los públicos de Navantia de Ferrol son la
locomotora que tira de las dos comarcas y arrastra a centenares de
pequeñas compañías auxiliares (aceros, tuberos, soldadura, montaje,
pinturas o carenados) encadenadas al efecto dominó de un sector que ve
cómo, de nuevo, la Unión Europea, con un expediente sobre el tax lease,
un sistema de bonificaciones fiscales aplicado en la contratación de
los buques, pone en jaque sus factorías al echarles encima una crisis
sobre otra.
Con el naval al borde del precipicio, toda Galicia sufre. Las calles de Vigo se incendiaron el pasado jueves durante una protesta
que congregó a unos 1.500 operarios a las puertas de la Agencia Europea
del Control de Pesca en la ciudad. En Ferrol, 3.000 operarios caminaron
cuatro horas alrededor de la ría atravesando municipios para reclamar
el fin del veto que impide a la antigua Astano (Fene) construir buques
civiles desde que España ingresó en la UE y que Bruselas les permita
financiar el dique flotante para competir en el mercado de las
reparaciones navales.
Las llamas calcinando los contenedores ante las oficinas viguesas de la UE
son el síntoma de que el naval gallego está decidido a revolverse
contra el expediente comunitario que condenaría “a muerte” a sus
astilleros, en palabras de Álvaro Platero, presidente de la patronal
Pymar (Pequeños y Medianos Astilleros en Reconversión).
Si el comisario de la Competencia, Joaquín Almunia, resuelve el 17 de
julio que hay que devolver los 2.800 millones de euros en
desgravaciones supuestamente ilegales aplicadas en la contratación de
buques de 2005 a 2011, todas las factorías que se beneficiaron de este
complejo sistema fiscal caminaría, muy probablemente, hacia la quiebra.
La falta de liquidez sumada a la ausencia de pedidos daría la
puntilla a un sector que, en 2009, empleaba a 12.000 personas en Vigo.
Hoy, resisten unas 3.000. Unas rías más al norte, en Ferrol, se han
destruido 2.315 empleos en auxiliares desde septiembre de 2011 y la
plantilla directa de Navantia (2.358) apenas tiene ocupación porque el
último contrato militar se firmó en 2007 y los dos floteles
comprometidos por la Xunta para Pemex —uno en Ferrol y otro en Vigo—
antes de las elecciones autonómicas de 2012 no arrancan. El presidente
gallego, Alberto Núñez Feijóo, que se erigió en mediador con la
petrolera mexicana, vincula ahora el futuro de estos dos contratos un
tanto opacos —nunca se han mostrado, aunque el Parlamento lo reclamó con
insistencia— a la resolución del tax lease. Y emplazó a Almunia a buscar una “solución inteligente, económicamente viable y jurídicamente solvente”.
“Es un problema de Estado”, resume Ramón Sarmiento, responsable de
Industria en CC OO Vigo. Diego Atanes, de UGT, llama a la sociedad a
implicarse en una gran movilización el 11 de julio y recuerda que de los
salarios del naval también viven comercios, hosteleros y demás
servicios. En la batalla de los sindicatos se han embarcado también el
Ministerio de Industria, la patronal y los Gobiernos de las comunidades
más afectadas: Galicia, Asturias y País Vasco.
El revuelo político y social que provocó Almunia al anunciar su
propuesta de expediente a finales de junio forzó al comisario socialista
a introducir un pequeño matiz en su discurso. “Hay margen”, corrigió esta semana.
Estrecho pero suficiente para que armadores y operarios se agarren con
fuerza a este flotador verbal para evitar un naufragio seguro.
Mientras los sindicatos lleven a cabo sus movilizaciones del jueves, Almunia recibirá en Bruselas a una comisión gubernamental
para estudiar posibles alternativas que eviten la catarsis del naval.
Seis días después, el comisario tendrá que hacer pública su resolución
final sobre el tax lease.
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