Sousa dice que los bancos conocían los créditos documentados de Pescanova
La defensa de Manuel Fernández de Sousa presenta un escrito a la Audiencia Nacional Arremete contra la CNMV por abrir expedientes al ejecutivo para "auto-exculparse"
El presidente de Pescanova,
Manuel Fernández de Sousa, ya ha comenzado a desplegar sus armas. El
ejecutivo, que está imputado por posible falseamiento de cuentas y uso de información privilegiada junto a parte de a cúpula,
presentó este miércoles un escrito de alegaciones en el Juzgado Central
de Instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional. Los abogados de Sousa
salen al paso de los dos expedientes sancionadores que la CNMV abrió a
Sousa y que la Audiencia Nacional tuvo en cuenta para la imputación.
Aunque en el escrito, al que ha tenido acceso EL PAÍS, se admite que
Sousa tomó "decisiones erróneas" desde el punto de vista contable, se
justifica que la CNMV actúa para exculparse a sí misma y que los bancos
"eran conscientes" de sus operaciones a través de créditos documentados.
Según la defensa del presidente de Pescanova, los expedientes de la
CNMV y su comunicación a la Audiencia Nacional son “un cauce para la
defensa y auto-exculpación de la Comisión y de sus responsables” y
asegura que se están imputando al ejecutivo "irregularidades que
claramente no se han producido”. La CNMV señaló que Sousa se resistía a
la actividad inspectora. Sin embargo, según los abogados de Sousa
siempre existió colaboración. Aseguran que todos los requerimientos
fueron respondidos en tiempo y de forma. Además tacha de "absurda" la
decisión del supervisor bursátil de levantar la cotización durante un
corto periodo de tiempo después de suspenderla y antes de que se
declarara el concurso de acreedores.
Los abogados de Sousa explican cómo ha podido llegar Pescanova, una
empresa considerada solvente y rentable, a una situación de crisis como
la actual: "La rápida restricción del crédito financiero, justo en el
momento en el que Pescanova S.A. culminaba un ambicioso plan de
expansión, llevó a la compañía [y, en particular, a mi mandante] a
adoptar decisiones erróneas, tanto desde un punto de vista comercial
como desde una perspectiva contable-financiera, al único objeto de
posibilitar que la empresa mantuviera abiertas líneas de financiación
con las cuales poder aumentar su capacidad productiva y su generación de
ingresos. Estas decisiones no respondieron a una deliberada maquinación
fraudulenta, sino que se fueron adoptando en el tiempo en la confianza
de que el crédito se iría recuperando, y de que las inversiones
comenzarían a generar recursos en breve plazo. Por desgracia, el crédito
no se recuperó y los tiempos para la puesta en valor de las inversiones
[cuya rentabilidad a medio plazo nadie cuestiona] se fueron retrasando,
todo lo cual fue abriendo una brecha contable cada vez más
inmanejable".
Los bancos "conocían la operativa"
En el escrito de defensa de Sousa, los abogados aseguran que la
cúpula de la empresa se reunió con el supervisor para explicarle las
"discrepancias contables" encontradas. Señalan que explicaron que todo
está relacionado con "las operaciones con créditos documentarios como
una carta de crédito concedidos a un tercero, que se descontaba con la
promesa de la carga de la mercancía, y que los fondos recibidos por el
proveedor iban a Pescanova que después devolvía al proveedor para que
cancelara su deuda con la entidad de crédito”.
Según los abogados, esta explicación sobre el uso de créditos
documentarios como instrumentos puros de financiación era una aclaración
adecuada y no debería acusarse a Sousa de ocultar su operativa. Añaden
que los representantes de Pescanova advirtieron de que la práctica
"estaba registrada en los libros, pero que a efectos de su presentación
en las cuentas anuales e intermedias se neteaba”, y que en todo caso “el
banco era consciente de esta operativa”. Justifican además el aumento
de deuda por "las incorporaciones de sociedades al perímetro de
consolidación realizadas en el último trimestre del ejercicio”. De ser
cierta, esta incorporación, se había llevado a cabo justo después de
presentar las últimas cuentas oficiales, cuando aseguraban que la deuda
financiera rondaba los 1.500 millones.
Sousa, que ya cargó contra su auditor BDO poco después de saltar a la luz la crisis
de la pesquera y los desmanes en su contabilidad, vuelve a recordar en
su escrito al juez que el informe de esta firma era favorable. Lejos de
reconocer que ha podido existir una doble contabilidad o que hasta
septiembre se había ocultado más de la mitad de la deuda del grupo, la
defensa de Sousa asegura que se reconoció que superaba los 3.000 millones e incluso explica cómo se justificó a la CNMV.
Para los abogados de Sousa, el presidente solo actuó por el bien de
la compañía, como ya insistió en propio presidente en una entrevista con
EL PAÍS. Recuerdan que fue quien decidió contratar al auditor KPMG para realizar un examen pormenorizado de la compañía. Dicha revisión fue adoptada después del consejo de administración en el que se declaró el concurso de acreedores de la firma, sin agotar el plazo que les permitía el preconcurso declarado el 1 de marzo.
Lo que el escrito no recoge es una expliación de por qué Sousa vendió a escondidas, tal y como reconoció después acciones por valor de casi de 32 millones de euros,
ni por qué la contabilidad solo reflejaba parte de su deuda sin
explicar que usaban métodos diferentes a los regulados. Según los
letrados del ejecutivo, la restricción del crédito pudo ser lo que
llevó a su presidente a adoptar decisiones erróneas desde una óptica
comercial y contable-financiera. Sin embargo, asegura que las entidades
conocían sus acciones.
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