Pescanova: un imperio que boquea en la orilla de la Audiencia Nacional
La responsabilidad penal de la empresa, además de la de sus administradores, puede acabar con su disolución
El que ha sido jefe supremo del imperio Pescanova
37 años, Manuel Fernández de Sousa, aseguraba el jueves que no teme a
la Justicia. El presidente de la quinta pesquera más importante del
globo rompió un silencio de tres meses el mismo día que la Audiencia
Nacional lo imputaba, junto con el núcleo duro de la empresa, por haber
presuntamente falseado la información económico-financiera y las cuentas
anuales de la compañía, además de por utilizar información privilegiada
para evitar pérdidas millonarias en la venta de parte de su paquete
accionarial, a espaldas de la CNMV.
Pero a la gravedad del escenario al que Fernández
de Sousa se enfrenta -el juez Pablo Ruz, el mismo que investiga la
Gürtel y el caso Bárcenas-, se suma una situación sin precedentes en
España, ya que con la reforma del 2010 del Código Penal las personas
jurídicas, es decir, las empresas, también tienen responsabilidad penal.
Y el juez Ruz, siguiendo la tesis defendida por la Fiscalía
Anticorrupción, ha imputado también a Pescanova S. A. por la comisión de
un presunto delito de falseamiento de información económico-financiera,
al trasladar una imagen «irreal» de su situación al mercado. Tal
acusación, de probarse finalmente, podría acabar incluso con la
desaparición de la pesquera, actualmente inmersa en un concurso de
acreedores.
El 2013 está siendo su annus horribilis. Pero ¿qué le ha ocurrido al capitán Pescanova?
Origen
La reina del congelado deja helado el mercado.
Pescanova nació en 1960 de la mano del padre del actual presidente.
José Fernández López demostró una increíble visión de futuro y en 1961
la firma construyó el primer buque congelador del mundo. Así arrancaba
una exitosa historia empresarial que, a finales de febrero, dejó
literalmente congelado a todo el mercado. Y no era para menos, porque la
empresa, que cotizaba en bolsa y, por tanto, estaba sujeta a la
supervisión de la CNMV, era uno de los valores mimados por analistas,
que casi hasta el minuto cero recomendaban con entusiasmo la compra de
sus acciones.
Preconcurso
Los pies de barro del gigante. En julio-agosto
del 2012, Pescanova realizó con éxito una ampliación de capital por la
que puso en circulación 9,2 millones de acciones por un montante de 125
millones de euros. Sus cuentas, además, no hacían presagiar lo que
ocurrió el 28 de febrero: tras celebrar un consejo de administración, el
propio Fernández de Sousa firmó un hecho relevante remitido a la CNMV
en el que informaba por primera vez de las dificultades económicas de la
sociedad. Por ello, según notificó al supervisor, no formularía las
cuentas anuales del 2012 hasta que o bien vendiese el negocio del salmón
(en Chile) para enjugar las tensiones de tesorería, o bien renegociase
su deuda con la banca a través del artículo 5 bis de la Ley Concursal,
es decir, presentando un preconcurso.
En guerra
El principio del fin. La noticia fue un jarro
de agua fría para la cotización de las acciones, que pasaron de superar
holgadamente los 17 euros a literalmente hundirse. La CNMV suspendió la
cotización el 1 de marzo para levantarla tres días más tarde. Pero
Rodolfo Langostino -estiloso predecesor del Capitán Pescanova en la
publicidad de la marca de «lo bueno sale bien»- ya estaba gravemente
herido. Perdida la confianza de los mercados y, de puertas para adentro,
cuestionada la gestión de Fernández de Sousa, el consejo de
administración se dividió en una guerra entre accionistas afines y
críticos con el presidente (con el segundo y tercer accionistas, el
grupo Damm y el fondo Luxempart a la cabeza) en torno a unas cuentas que
no cuadraban y unas deudas bancarias tan hipertróficas como poco
claras: el pasivo admitido por el grupo pasó de algo más de 1.500
millones al doble.
Hacia el precipicio
Suspendida de cotización e investigada. La
cascada de hechos relevantes notificados por Pescanova a la CNMV da una
idea del convulso día a día de la compañía desde que trascendió su
delicada salud financiera. El supervisor finalmente suspendió sine die
su cotización bursátil el 12 de marzo (la acción estaba ya en 5,91
euros, un tercio de su valor máximo), después de anunciar la apertura de
una investigación para determinar «posibles indicios de comportamientos
de abuso de mercado», es decir, uso de información privilegiada en las
compras y las ventas de acciones que el presidente y algunos consejeros
realizaron poco antes de que se anunciara el preconcurso. El mismo 12 de
marzo, Fernández de Sousa firma un hecho relevante en el que admite
«discrepancias» entre la contabilidad de la empresa y las cifras de
deuda bancaria.
Huida hacia delante
Y al final, el concurso. Consejos de
administración de trece horas, cruces de acusaciones ante la CNMV entre
los consejeros y la dirección y una estéril renegociación del pasivo con
la banca -el sector financiero se quejó siempre de que Pescanova ni
siquiera trató de negociar-, además de mantenerse la opacidad sobre los
estados financieros y la deuda oculta, acabaron desembocando en la
solicitud de concurso voluntario de acreedores el 5 de abril.
Relevado
El presidente sin funciones. Con la matriz del
grupo, Pescanova S. A., ya bajo la tutela del Juzgado de lo Mercantil
número 1 de Pontevedra, Fernández de Sousa se vio privado de sus
funciones ejecutivas. Deloitte es, por designación de la CNMV, el
administrador concursal encargado de reflotar, si es posible, al gigante
del congelado, mientras que su presidente camina hacia el banquillo
negando los delitos de los que se le acusa y asegurando que «todo» lo
hizo en beneficio de la empresa, que también se enfrenta ahora a
responsabilidad penal.
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