La patronal gallega pide el apoyo público y de la banca
La Confederación de Empresarios de Galicia
(CEG) ha salido en defensa de la viabilidad de Pescanova con un
llamamiento a la administración pública y a la banca para que
reconduzcan los problemas de liquidez de la multinacional. En una carta
el presidente de la patronal gallega, Antonio Fontenla, asegura que "no
me cabe duda de que su situación suscitará una corriente en su favor
entre las distintas administraciones y entidades bancarias".
Para el máximo responsable de la CEG "firmas como Pescanova ejercen de fuerzas tractoras de la economía y de su actividad se nutren otras muchas empresas". Fontenla defiende al presidente de la compañía, Manuel Fernández de Sousa, como un "genuino emprendedor" en una empresa que tampoco ha resultado ser "inmune a los avatares de la crisis".
Para el máximo responsable de la CEG "firmas como Pescanova ejercen de fuerzas tractoras de la economía y de su actividad se nutren otras muchas empresas". Fontenla defiende al presidente de la compañía, Manuel Fernández de Sousa, como un "genuino emprendedor" en una empresa que tampoco ha resultado ser "inmune a los avatares de la crisis".
Pescanova: prioridad absoluta
Pescanova tiene una importancia capital para la economía gallega. Su
futuro nos debería importar a todos los gallegos. Y mucho. En estos
momentos tiene ante sí dos retos. Ambos de naturaleza financiera y que
tienen mucho que ver con lo que ha ocurrido con las dos cajas y el Banco
Pastor. Vayamos por partes.
Pescanova es una empresa que no tiene
problemas con su cuenta de explotación. Su facturación y sus beneficios
siguen al alza a pesar de la crisis. Su implantación internacional y su
extraordinaria eficacia comercial sostienen estas cifras. Lo que tiene
Pescanova es un doble problema con el pasivo de su balance. En otras
palabras, es una muy buena empresa, con presente y futuro. Pero es una
firma que tiene dos enormes grietas que, si no son reparadas a tiempo,
podrían llegar a generar daños irreparables a la economía gallega. Una
economía que está sufriendo una terrible crisis industrial y una
preocupante pérdida de control sobre empresas clave, comenzando por las
financieras antes referidas.
El primer problema es su fortísimo
apalancamiento. El crecimiento de la empresa se ha hecho utilizando
capitales ajenos. Hace apenas seis años se pensaba que el crédito era
ilimitado, que sobraban capitales ansiosos de invertir y que la
financiación en forma de deuda no era un problema. En muchas empresas
había discusiones acaloradas sobre este asunto. Los más veteranos eran
más remisos a creerse lo que los directivos más jóvenes daban por verdad
absoluta. En Pescanova parece que se impuso la posición menos prudente,
empujada sin duda por la ventaja de contar con potentes prestamistas
autóctonos, y se optó por niveles de endeudamiento que hoy son muy
difíciles de gestionar.
El segundo problema tiene que ver con el
capital propio de la empresa. En particular, con la retirada de las
entidades financieras gallegas, el núcleo duro de accionistas gallegos
se ha diluido. El riesgo de una OPA foránea es elevado: la empresa es
muy atractiva y no muy cara.
Por tanto, el futuro pasa por actuar
en un triple frente. En primer lugar, vender activos de importancia
menor para la empresa para reducir el apalancamiento. En segundo lugar,
renegociar pasivos para ganar tiempo y metabolizar el exceso de
endeudamiento. En tercer lugar, reforzar el capital vinculado a Galicia.
Obviamente las tres líneas de actuación son responsabilidad de la
propia empresa. Pero en la segunda y la tercera la Consellería de
Industria debe ayudar y empujar al máximo. Sin ninguna duda, el futuro
de la economía gallega pasa por empresas como Pescanova.
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