Dos consejeros desvelan que el presidente de Pescanova mintió a la CNMV
Dos accionistas niegan haber respaldado los planes de la dirección para sacar a la empresa de la crisis, como aseguró Fernández de Sousa al supervisor
El avispero en que se ha convertido una de las empresas de
alimentación hasta ahora más sólidas de España sigue sorprendiendo
dentro y fuera de la compañía. Hasta el punto de que la guerra entre
accionistas se pudo seguir en directo este viernes desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores
(CNMV). El regulador bursátil recibió con menos de dos horas de
diferencias comunicados distintos y contradictorios. La conclusión: que
el presidente, Manuel Fernández de Sousa, mintió la noche del jueves a
la CNMV, cuando aseguró que durante el consejo extraordinario “por
unanimidad” se había acordado ratificar la estrategia de la dirección
para salir del atolladero en el que se encuentra la compañía, en
preconcurso de acreedores y con una contabilidad en grave entredicho.
El primer comunicado de este viernes lo firmaban dos consejeros de
firmas accionistas: José Carceller, en representación de Damm, y
François Tesch, del fondo Luxempart. “Contrariamente a lo indicado, en
la reunión del consejo de administración celebrado el jueves no votaron
ni ratificaron la línea de restructuración de la política financiera del
Grupo”, aseguraban. De unanimidad, nada. Y señalaban que les habían
emplazado a la próxima semana a otro consejo. Dos horas después, sin
embargo, el secretario del consejo de la multinacional trataba de salir
al paso ante el desmentido, y señalaba que, cuando dijeron que había un
acuerdo unánime, se referían al alcanzado el pasado 27 de marzo. Y de
propina, añadía: “No existe convocada ninguna reunión del consejo de
administración la próxima semana”.
La
actitud del presidente está desesperando a parte del consejo. En Damm
consideran que se les niega información vital, según señalaron fuentes
de la empresa. La cervecera, que controla el 6,18% de las acciones, fue
quien forzó la celebración del consejo extraordinario para exigir
explicaciones, que no recibió el jueves.
Sea como fuere, fuentes próximas a la empresa consideran que se está
desviando la atención sobre el principal problema: el agujero financiero
de la multinacional que nadie acaba de aclarar y que le ha obligado a
pedir el preconcurso de acreedores. Con el valor en bolsa suspendido por
los vaivenes especulativos de las últimas semanas, la CNMV sigue
teniendo a Pescanova en su punto de mira. Ante la indefensión de miles
de accionistas ha ordenado a Pescanova que presente en el plazo más
breve posible información sobre la deuda real del grupo. Un equipo de 15
personas de la firma BDO, que ha llevado las cuentas de la empresa en
los últimos once años, trabaja en la sede de la firma en Vigo para
tratar de encontrar el origen de los desajustes en la deuda. La empresa
declaró cerca de 1.500 millones de pasivo en septiembre, pero fuentes
empresariales afirman que se acerca a los 2.500 millones.
BDO tendrán que esclarecer no sólo dónde está el agujero, sino cuándo
se produjo. Hasta que tocó aprobar las cuentas de 2012 no habían
saltado nunca las alarmas. Según fuentes cercanas a la empresa,
Pescanova podría haber utilizado para enmascarar deuda en compañías en
las que oficialmente no tiene una participación mayoritaria (aunque
quizá las controle por otras vías) y por tanto no está obligada a
consolidar sus cuentas en las de la matriz.
Según lo que concluya el informe la empresa tendrá dos posibilidades:
negociar con la banca o presentar concurso de acreedores. “Esa última
posibilidad sería letal”, comenta un empresario del sector. “Es una
empresa muy compleja y una suspensión encadenaría una crisis de
confianza en todas las filiales”. En el sector se da por hecho que los
accionistas podrán, paralelamente, pedir responsabilidades a los
administradores sobre lo que ha ocurrido por la vía judicial,
especialmente a Fernández de Sousa, presidente, consejero delegado y
hombre todopoderoso de Pescanova.
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