Investigan a firmas que se fueron de Vigo para huir de Hacienda
La condena de dos testaferros abre la vía para perseguir a 8 empresas
Dos testaferros aceptaron hoy una condena de 6
meses de cárcel y multa por un delito de falsedad de documentos
mercantiles, en concreto facturas infladas por trabajos que nunca se
realizaron. La Fiscalía cree que esta condena es «muy importante» porque
va a abrir la posibilidad a la Agencia Tributaria de que persiga por
presunto fraude fiscal a 8 empresas del ramo de la construcción y la
reparación de talleres que se habrían beneficiado de la emisión de más
de un 1,6 millones de euros en facturas falsas.
Las empresas tenían su sede en Vigo en el 2002
pero, a partir de que empezaron las pesquisas del fisco, trasladaron sus
sociedades a la provincia de Toledo, lo que lleva a sospechar que lo
hicieron para esquivar las investigaciones.
La vista por conformidad se celebró ayer en el
juzgado de lo Penal número 1 de Vigo y estaban citados numerosos
inspectores fiscales, debido a que el caso era complejo. Los acusados
aceptaron una multa de 1.080 euros y seis meses de cárcel después de que
la Fiscalía les beneficiase con la atenuante de dilaciones indebidas,
dado que el juicio tardó ocho años en celebrarse. Uno de los implicados
está ingresado en prisión por otros motivos.
Los ahora condenados, Jesús C.H. y José Ramón
D.R.D.C., eran meros hombres de paja que regentaban sociedades
instrumentales en el ramo de la construcción y de talleres de reparación
de automóviles.
El fraude comenzó en julio del 2002. cuando Jesús
C.H. trabajaba por cuenta ajena para Construcciones y Promociones
Malayo SL, administrada por su tía y su hijo. En el 2003, se dio de alta
como autónomo en albañilería y pequeños trabajos de construcción, y más
tarde en Porteros y Controladores Industriales, sociedad constituida
por su esposa y su cuñada. A finales del 2004, se dio de alta en
Excavaciones Luso Galaicas, de la que era dueño su hijo. Finalmente, en
el 2006, volvió a Malayo, siempre según el relato de la Fiscalía.
Durante ese período, Jesús C. estuvo dado de alta
como autónomo en el sistema simplificado del IVA y objetivo del IRPF.
Su único fin, sostiene la investigación, fue facilitar a dichas empresas
unos justificantes de gastos y cuotas de IVA deducible por obras que
nunca existieron.
Sin trabajadores en nómina
Gran parte del fraude se perpetró entre el 1 de
mayo del 2003 y el 30 de junio del 2004. En total, el acusado presentó
facturas por valor de 646.603 euros que no respondían a servicios reales
prestados por el autónomo. En ese período no tuvo ni un solo trabajador
en nómina, ni contrató a empresas de suministros ni pasó cargos por el
alquiler del local o material ni consumibles.
En general, las facturas que pasaba a las
empresas de su red familiar y otras sociedades oscilaban entre 8.700 y
139.000 euros. A veces, entregaba una por día, por valores de 20.000
euros. Hizo facturaciones a Malayo, Promoción y Gestión Carulas, Compavi
de Protección Viguesa, Porteros y Controladores Industriales y Gestión
Social Vigo. Esta última fue la que recibió la factura más elevada.
El segundo implicado, José Ramón, trabajaba por
cuenta ajena para Excavaciones Lusogalaicas, que administraba la esposa
de un primo del otro acusado. José Ramón se dio de alta en Reparación de
maquinaria industrial en octubre del 2002 y se dio de baja dos años
después.
En ese tiempo en que estuvo con el régimen
simplificado del IVA y objetivo del IRPF, presentó facturas por valor de
1,03 millones, cobros que no se correspondían con servicios reales. Al
igual que el otro implicado, no tuvo trabajador en nómina ni empresas de
suministros, ni cargos por uso de vehículos o locales. Las empresas
que aceptaron los recibos fueron Malayo, Lusogalaicas, GTG Ingenieros
SL, Porteros y Vigilancia Galaica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario