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19 de septiembre de 2011

Faro de Vigo

Modernizarse o perder: el dilema de nuestro Vigo

Carlos G. Príncipe - Exalcalde de Vigo 1991-1995

Si algo hemos aprendido los vigueses de nuestra historia del siglo XX, es que el éxito de los proyectos sociales , sólo ha sido posible con la modernización. Fuimos la ciudad que más creció en Europa Occidental en el siglo XX porque fuimos capaces de hacer una sociedad industrial a partir del complejo Mar-Pesca. Asi nació la industria de la construcción naval, conserva, frío.
La segunda ola modernizadora de Vigo se produce después de la segunda guerra mundial y cuando España abandona la autarquía. Vigo internacionaliza su economía. Pueden ser ejemplos de esa internacionalización, el asentamiento de Citroën y sector de la automoción o la internacionalización de nuestras empresas pesqueras cuyo ejemplo se llama Pescanova.
Históricamente Vigo ha sido una ciudad progresista en todos los campos. Cuando Vigo ha tenido miedo al cambio, a la modernización, cuando actuamos como conservadores, nuestra ciudad pierde
Estamos viviendo una dolorosa derrota, la desaparición traumática de la autonomía financiera de nuestra ciudad. Lo dice el informe Ardán tercamente en los tres últimos años, y la solución final a la fusión de las Cajas nos demuestra que la nueva modernización y nuevo liderazgo empresarial está en Coruña.
¿Por qué perdimos la batalla de las Cajas? Porque los que nos dirigen y nos representan antepusieron sus privilegios, sus cargos y su poder al interés general de la ciudad de Vigo.
El colapso de Caixa Galicia y Caixanova a pesar de las auditorías pagadas y el escaso control del Banco de España, era el final de un modelo paternalista y oscurantista. Todavía no sabemos las retribuciones de los que nos llevaron al desastre. Ese modelo basado en el amiguismo, y la compra de favores,despreciando a los mejores, solo nos podía llevar al desastre final.
Para que ambas Cajas necesitaran más de 4.000 millones de euros de dinero público, es evidente que la gestión económica y de riesgos fue calamitosa. Cuando los líderes se equivocan pierden su autoridad moral y su capacidad de liderazgo y era el final de un ciclo vital: los señores Gayoso y Méndez se habían ganado una merecida jubilación.
Por lo tanto, si Vigo quería ganar esa batalla, tenía que defender, primero un nuevo modelo de negocio y segundo un nuevo liderazgo. Nuestros líderes económicos, políticos y sociales, todos en unión se fueron de manifestación y consiguieron convencer a miles de personas de una mentira enorme: que todo podía seguir igual, si liderábamos nosotros el viejo negocio. La segunda parte de la mentira era que nosotros estábamos bien y siempre seríamos cabeza de león en cualquier proyecto.
La realidad era muy otra. Nadie podía salvar un muerto terminal y si queríamos ganar la batalla teníamos que apostar por el cambio en el modelo y en el liderazgo. No era un problema local, era un problema de ideas. Había que romper con el pasado económico y directivo y una buena parte de la opinión pública viguesa creyó que esto era un Celta-Deportivo y que Gayoso y Pego eran Dios. Algunos irresponsables políticos utilizaron esta mentira inútil y estúpida, pero populista, aún sabiendo que la derrota final iba a llegar. Y el final empezó el 12 de septiembre, cuando el que manda en el Banco, un emprendedor moderno, decide romper con el pasado y poner a personas nuevas en un proyecto nuevo.
Miren, los vigueses debemos preguntarnos por qué nuestros capitalistas, los de Vigo, no quisieron dejar su dinero a la gestión Gayoso-Pego. Si los nuestros no confiaban en los números y el liderazgo que nos ofertaban, era de cajón que la solución vendría de fuera.
Al final de la historia hay un banco con sede en A Coruña, presidido por un ciudadano que ha demostrado querer cambiar para mejor las cosas y las personas, y Vigo, que está representado en el nuevo banco por un respetable octogenario y uno de sus amigos, el señor González Fernández que era el jefe de Arthur Andersen y después de Deloitte, cuando Arthur Andersen tuvo que cerrar por el escándalo de Enron. El empleado responsable de la empresa que firmaba cuentas que no han salido, y que es de Lugo, nos va a representar, magnífica opción viguista: Gracias, pero muchos vigueses no nos sentimos bien representados
Gracias por haber conseguido que Vigo ya no esté en el mapa financiero con autonomía y capacidad de decisión. Gracias por habernos dicho que habíamos ganado la batalla. Gracias por felicitarse por un Consejo donde contamos poco. Gracias por las prejubilaciones doradas a directivos a los 54 años mientras mantenemos a los de 80. Gracias por recolocar en listas y cargos a los miembros de los Consejos de Administración que nos llevaron a este desastre. Gracias por habernos salvado del malo Feijóo y habernos entregado a los fondos de inversión.
De esta derrota deberíamos sacar dos lecciones: una, que si queremos ganar la liga de las ciudades tenemos que inventar más y mejor el futuro, modernizándonos; y dos, que como decía Pablo Iglesias "a los trabajadores hay que decirles la verdad aunque les duela". Zapatero empezó negando la crisis y así estamos los socialistas. Confundimos los intereses de Vigo con los intereses de personas y así perdimos la batalla de las Cajas… y lo que nos queda por perder si no cambiamos de proyecto de ciudad y de liderazgos de todo tipo y en todos los ámbitos vigueses. No hay que llorar, como dice mi partido: hay que gobernar el cambio.

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