Trabajadores de Grafinsa compran la empresa por 2,5 millones
El juez aprobó el pasado día 11 el plan de liquidación de la firma
Los trabajadores de Grafinsa se comprometieron a
implicarse en la continuidad de la empresa -«no vamos a permitir que se
cierre», afirmaba en mayo el presidente del comité, Jairo Pereira-, y
han cumplido la promesa. Un total de 44 empleados del centenar que
integran la plantilla de la fue una de las firmas de referencia del
sector en Europa, han dado un paso al frente y se han constituido en
sociedad laboral limitada (SLL).
El viernes, una hora antes de que cerrara el
plazo de presentación de ofertas para adquirir la compañía, con plantas
en Vigo y Mos, presentaron la suya. Que sepan, no hay otra, con lo que
dan por hecho que mañana, tal vez el martes, se convertirán en
propietarios de la firma, salvo que el administrador concursal decida
otra cosa.
El auto dictado por el juez el pasado 11 de
octubre daba por bueno el plan de liquidación de la compañía que
presentó la administración concursal. Dicho plan contempla que se dará
preferencia a la venta unitaria de las dos sociedades concursadas:
Gráficas del Noroeste, S. A. y Grayto, S. L. Y eso es lo que han hecho
los trabajadores, presentar una oferta de compra conjunta, tras
constituirse en sociedad el pasado 25 de septiembre con el nombre de
Vicusgraf SLL.
Grafinsa, ahogada por la falta de crédito y «una
gestión desastrosa» según los trabajdores, pasó en noviembre del 2012 a
engrosar la lista de empresas en concurso de acreedores. Su más que buen
cartel internacional llevó incluso a algunos de sus clientes a
adelantar dinero para que pudieran comprar materias primas y seguir
produciendo.
La Xunta, accionista mayoritaria a través de
Xesgalicia, había puesto dos meses antes 700.000 euros, de los que
200.000 se destinaron a abonar deudas y el medio millón restante a
mantener el funcionamiento de las plantas. Es el dinero que les ha
permitido llegar hasta aqui.
Al final, los números rojos se fueron adueñando
del balance y la entrada en liquidación resultó inevitable. La plantilla
-y la Xunta también- hizo vanos intentos de encontrar comprador. No
lograron convencer a nadie que arriesgara en un negocio que, insisten,
«es viable». Para demostrar que lo creen de verdad, serán 44 de ellos
los que finalmente arriesguen su dinero. En concreto pondrán el 75 % de
la indemnización que les abonará el Fondo de Garantía Salarial, unos
400.000 euros. Los 2,1 millones restantes -el precio de venta fijado
coincide con la cifra de la deuda privilegiada- los irán pagando a
medida que vayan haciendo caja. «Para empezar solo tendríamos que hacer
frente a las deudas que hay contra la masa, unos 250.000 euros», afirma
Jairo Pereira, que explica que se suborrogarán en las hipotecas y otros
pagos pendientes.
Insiste en que lo único que se proponen demostrar
es que Granfinsa es una empresa con fututo. Dicen ser conscientes de
que los primeros seis meses van a ser especialmente duros. Es el plazo
que se dan para que haya trabajo efectivo para todos los socios. «Los
pedidos que hay a día de hoy pueden sacarlos adelante 24 personas,
porque aunque mantenemos una parte importante de los clientes nacionales
fuertes, los internacionales los hemos perdido en este proceso», afirma
Pereira.
Y no era precisamente menor su cartera exterior,
donde llegaron a vender el 40 % de la producción. Francia, Reino Unido,
Holanda, Bélgica, Dinamarca y Portugal eran algunos de sus principales
mercados. Jairo Pereira está convencido de que terminarán
recuperándolos.
Cuando los pedidos de empresas como McDonalds,
Kraft o Bongrain eran habituales, facturaban 20 millones de euros. Es la
cifra que sueñan volver a alcanzar a medio plazo. Pese a todo, contar
todavía entre sus clientes con firmas como Nutrexpa -Cola-cao-, Cuétara,
Burgo de Arias o la conservera Connorsa es un buen punto de partida.
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