Las frías entrañas de Pescanova
Las declaraciones ante el juez de Fernández de Sousa y de Paz-Andrade airean el irreversible deterioro de un equipo emprendedor y mal avenido
Sentados, por separado, en el banquillo de los
acusados de la Audiencia Nacional, Manuel Fernández de Sousa y Alfonso
Paz Andrade son la viva imagen de las vueltas que da la vida. El
expresidente de Pescanova y quien fuera su consejero delegado (en los
últimos años, ya solo consejero), junto con ocho altos cargos de la
empresa y su auditora de cuentas, responden ante el juez Pablo Ruz por
imputaciones que van desde la estafa al falseamiento de cuentas o el uso
de información privilegiada para su lucro personal.
El alto tribunal decidirá la responsabilidad de
cada uno en la deuda de 3.664 millones que ha dejado a la compañía a
merced de los bancos. Puede que Pescanova consiga seguir a flote de
forma íntegra y sin trocearse, tal y como dice PwC en su plan de
viabilidad. Pero lo que ya parece inevitable es la pérdida de sus dos
principales activos: Manuel Fernández de Sousa y Alfonso Paz Andrade.
Ambos aún son accionistas mayoritarios (mantienen
aún el 7,4 % y el 3 %, respectivamente), pero su vuelta a los órganos
de gestión de la empresa, después de 36 años al frente, es complicada, y
no solo por el proceso judicial en curso o por la pérdida de control de
la compañía, ahora en manos del grupo catalán Damm. Sus deterioradas
relaciones parece estar en un punto de no retorno.
La gestación del desencuentro
¿Cómo se ha ido gestando este desencuentro del
que ahora trata de beneficiarse Paz Andrade para fundamentar su defensa?
Fernández de Sousa y su antiguo mano derecha entraron, simultáneamente,
en el consejo de administración de Pescanova en junio de 1977. Desde
entonces han mantenido un operativo tándem similar al de sus padres,
José Fernández y Valentín Paz Andrade, los que en 1960 fundaron
Pescanova. El equipo se deshizo en el 2007, cuando el presidente apartó
al consejero delegado de la primera línea ejecutiva, tras 30 años a su
lado.
La causa aparente (nunca confirmada) de este
último episodio que acabó con la ruptura en público de unas relaciones
ya quebradas en privado, fue la salida del capital del histórico socio
sudafricano de Pescanova, Imperial Cold Storage (ICS). Sousa compró las
acciones de ICS, y apartó a Paz Andrade de la responsabilidad
internacional que durante años desempeñó con gran éxito (fue pionero en
impulsar la fórmula de las empresas mixtas, posteriormente adoptada por
todo el sector).
Presidente impulsivo
Las diferencias de criterio también fueron a más
por el modo en que el presidente afrontó arriesgadas inversiones en
acuicultura, y que le llevaron a enfrentarse con la Xunta del bipartito,
a la que acusó de perjudicar sus intereses en Galicia en favor de otras
empresas de la competencia.
A esas alturas, las desavenencias entre ambos se
hicieron insostenibles. Quienes conocen la vida de los despachos de
Chapela aseguran que Manuel Fernández de Sousa, al frente de la
presidencia ejecutiva y de la representación institucional de la empresa
durante los últimos 15 años (hasta septiembre), nunca llevó bien el
papel protagonista de su consejero delegado. Más que de la forma de
llevar la empresa, fuentes muy cercanas a ambos hablan de una guerra de
poder desencadenada por las «inseguridades» de un presidente de fuerte
personalidad, «impulsivo e impredecible, que se sentía acosado con
facilidad». «Manuel no aceptaba ningún contrapeso en el consejo y tenía
problemas con Alfonso por creer que le había usurpado el origen de la
empresa», relata alguien que presenció «acaloradas discusiones».
Fue una relación tensa, sí, pero tremendamente
emprendedora y productiva. Pese a las desavenencias, ambos siempre han
hecho esfuerzos por proteger la primera compañía que le puso marca al
pescado, que sigue siendo referente mundial en la producción integral de
proteína marítima de alta calidad y económica y de la que hoy viven más
de 11.000 trabajadores.
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