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13 de septiembre de 2013

Faro de Vigo


La mirada y la ´ilusión´ perdida

En la junta en la que perdió el poder en la firma, la "ilusión" de su vida empresarial, Sousa solo intervino para retirar su candidatura - Hubo más guerra de micrófonos que de votos

La junta extraordinaria de accionistas de Pescanova tuvo a Manuel Fernández de Sousa sentado en primera fila. No fue protagonista, ni por su intervención ni por la de la media docena de personas que tomó la palabra en una sala abarrotada que se hizo pequeña. Con la votación perdida de antemano, como reconocían los abogados del fondo Cartesian, el expresidente solo esperó a que acabara su trayectoria en la empresa de su vida.

"Espero cordialidad y buenas maneras". El exconsejero José María Pérez-Carasa, nombrado como tal en julio a propuesta de Manuel Fernández de Sousa, presidió la junta extraordinaria de socios. No gustó a la extensa delegación del Grupo Damm y Luxempart. Se leyó la orden del día, se cuantificó el quórum y, casi a la una de la tarde, empezó el cónclave. En primera fila, un pasillo artificial separaba dos bandos. Yago Méndez, José Carceller y François Tesch estaban a la derecha de la mesa. Al otro lado se sentó la abogada Cristina Herrero, Pablo Fernández Andrade, Sousa y Alfonso Paz-Andrade. Los administradores concursales, Senén Touza y Santiago Hurtado, fueron una especie de dique entre las partes, entre el antes y el ahora.

La iniciativa de los minoritarios Pescanem, representada por el despacho Cremades & Calvo Sotelo, defendió una nueva etapa "desligada" del anterior consejo. El ponente de esta propuesta, que no llegó a votarse, fue Luis Fernández de la Gándara. "Deben dirimir sus contiendas al margen de la empresa", dijo en alusión a las querellas que Luxempart o Damm han interpuesto contra Sousa, su hijo y algunos miembros del equipo directivo. El expresidente de Pescanova intervino durante poco más de un minuto. No se levantó. "A pesar de que el 50% de los accionistas no están", renunció a presentar su candidatura para apoyar la de los minoritarios. Con la mirada perdida, Sousa apenas habló con su hijo Pablo -imputado, como él, en la Audiencia Nacional- y con la abogada. Su 7,5% de las acciones de la compañía no iba a estar representado en el consejo. Miraba arriba y abajo. Nadie le vio marcharse.

Las intervenciones

Intervinieron 13 personas, unas a favor y otras en contra de alguna de las candidaturas, incluido un representante de Peter Yu (socio director de Cartesian) o el mediático abogado Joaquín Yvancos. Paz-Andrade intervino y sí se levantó. "Hablo desde la emoción y el asombro", dijo el empresario vigués, desvinculado de la gestión de la compañía desde 2007. Su emoción germinó de la despedida después de haber "recorrido el mundo y dado el mayor esfuerzo posible por la empresa". Su "asombro", por el hecho de que Luxempart, que entró en Pescanova a través de una sociedad de Sousa en Luxemburgo, pudiese continuar en el consejo. Abogó por expulsar su candidatura, pero no prosperó.

Accionistas minoritarios, incluido uno alemán, se rifaron el micro para hablar en la junta y arremetieron contra la pérdida de sus ahorros. "Compré acciones basándome en el brillante informe anual de 2011". Nadie atacó a Sousa. Era como si ya se hubiese marchado hacía mucho tiempo.

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