Por una Pescanova nueva, sólida y gallega
La junta extraordinaria de accionistas de la multinacional pesquera, celebrada el pasado jueves, se ha resuelto con el respaldó mayoritario a la lista del Grupo Damm, aliado con el fondo Luxempart, Iberfomento y Carolina Massaveu. La votaron el 71% de los asistentes, que representaban al 51% del capital, con lo que cuentan con el respaldo del 38% de la compañía. La cervecera de la familia catalana Carceller, que tiene como principal socio al grupo familiar alemán Oetker, propietario de uno de los mayores conglomerados de alimentación en Europa, pasa así a copar por completo el nuevo consejo de Pescanova, que presidirá Juan Manuel Urgoiti, expresidente del Banco Gallego y consejero de Inditex.
El nuevo consejo supone una ruptura total con Manuel Fernández de Sousa y cuanto él representa, que no es poco. Por primera vez desde su fundación, a manos de su padre y de Valentín Paz Andrade, Pescanova no tendrá en el consejo a ningún representante de la familia Sousa. Tiempo habrá para evaluar en sus justos términos y de manera global la obra de quien, de suyo es reconocerlo, en treinta años llevó a Pescanova a lo más alto de las multinacionales pesqueras, para acabar finalmente envuelto en un rosario de gravísimas acusaciones que le obligan a afrontar, junto con otros miembros de su familia, fianzas por valor de 600 millones de euros. Un sorprendente colofón a tres décadas de fulgor y estupor marcadas por una gestión inicialmente tan exitosa como extremadamente personalista, por llamarla de alguna manera, al tiempo que refractaría a muchas de las buenas prácticas de gobierno corporativo, como ahora sabemos. Estamos, quizá, ante el símbolo de esa Galicia que la desaparición de las cajas de ahorro se ha llevado consigo por delante para no volver jamás.
Ahora lo que procede es mirar hacia adelante. La declaración de intenciones del nuevo consejo de Pescanova contiene, como no podía ser de otra manera, una clara e inequívoca promesa de mantener la galleguidad de la compañía con sede en Chapela (Redondela). El tiempo lo dirá. - incluye, sobre todo, el anuncio de una quita del 75% como condición sine qua non para salvar la compañía. Estamos hablando de que los bancos asuman pérdidas por 2.755 millones. Sería la mayor quita habida jamás en España.
Que Pescanova tiene activos valiosos, muy valiosos, no admite discusión posible. Y que se asienta sobre un sector de negocio con futuro, con mucho futuro, tampoco. Buena prueba de ello son los 700 millones que lleva ingresados en lo que va de año. La clave de futuro, así pues, no debe pasar en ningún caso por trocear y liquidar para amortiguar perdidas. Al menos no para Galicia.
Para Galicia, y suponemos que en ello están trabajando las autoridades competentes, el objetivo no puede ser otro que ayudar e incentivar a los nuevos gestores para que limpien, ajusten y aquilaten el modelo conjunto de negocio, ese que ha hecho grande de verdad a Pescanova, para darle viabilidad sin desnaturalizarla ni desvincularla de la tierra donde nació. Pescanova posee un equipo de innovación, comercialización, internacionalización y producción que no se adquiere con una ampliación de capital. El "know-how", el saber hacer que ha llevado a la compañía a ser una marca de reconocimiento mundial, está aquí. En Galicia. Y aquí debe quedarse. No por vacua galleguidad, sino por constituir su mejor garantía de futuro, por demostrar día a día, con esfuerzo e inteligencia, que son los mejores del mundo en su materia. Esa, y no la hueca palabrería, es la verdadera fortaleza de Galicia, la razón de que aquí se asiente también, por ejemplo, una de las mejores plantas de Citroën en todo el mundo. Por cierto, muy cerca una de otra.
El reto es mayúsculo y el camino a recorrer, proceloso y largo. A finales de este mes la banca tendrá un primer borrador del plan de viabilidad de Pricewaterhouse con el que poner en marcha el convenio de acreedores. Esto es ya de por sí una buena noticia. La administración concursal, a la cual las partes reconocen, en general, una buena labor, no quiere entrar en el proceso de liquidación. Para evitarlo es necesario, entre otras cosas, decidir qué sobra y qué hay que conservar. Así las cosas, resulta inevitable una quita, cuestión aparte es cuál será su cuantía, y la transformación de deuda en acciones de la empresa. La banca española, que acumula la mayor parte de la deuda, será la protagonista fundamental en decidir el futuro de la compañía en esta fase, como ha reconocido el propio Urgoiti. Convencerla para que apueste en la dirección correcta es el principal cometido de Deloitte (que actúa como administrador concursal), PWC (que elabora el plan de negocio) y el nuevo consejo. Unos y otros deben agilizar al máximo el proceso salvaguardando los derechos de todas las partes, especialmente de los minoritarios, y exigiendo las responsabilidades que sea preciso.
En el otro plato de la balanza figuran esos 700 millones facturados a 31 de julio, una cantidad que viene a demostrar, en primer lugar, que las brutales tensiones de tesorería no han afectado al corazón del negocio; en segundo lugar, que las divisiones de pesca extractiva y de acuicultura -no toda es deficitaria ni mucho menos; los langostinos, por ejemplo, tienen un mercado creciente- han sido capaces de seguir funcionando con relativa normalidad, y, por último y más importante si cabe, que la marca Pescanova apenas ha sufrido, afortunadamente, daño reputacional entre sus miles y miles de clientes habituales.
Quedan muchas incógnitas por despejar, como ver el efecto de la venta de la filial chilena, una de las joyas de la compañía. Pero, en cualquier caso, es evidente que existen mimbres con los que trabajar en busca de una solución que garantice la existencia de una nueva Pescanova. Una Pescanova que, alejada de grandonismos aventureros o designios caprichosos y trasnochados, recupere las esencias que la han llevado a ser, desde 1960, la única pesquera del mundo que captura, produce, transforma y comercializa proteína marina. Nadie ha sabido hasta ahora crear algo así. Por algo será. Galicia, que ya lo tiene, debería hacer todo lo posible por no perderlo, por ayudar con todas sus fuerzas a alumbrar esa Pescanova tan nueva como viable, fuerte y gallega.
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