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2 de septiembre de 2013

Faro de Vigo


Ruz impone a Sousa una fianza de 178,8 millones por la crisis de Pescanova

Reclama hasta 1.200 millones a consejeros, accionistas y directivos de la pesquera. Todos ellos deberán declarar como imputados en algo más de un mes


 El magistrado Pablo Ruz, que instruye en la Audiencia Nacional el caso Pescanova, ha firmado un auto en el que impone al expresidente, Manuel Fernández de Sousa-Faro, una fianza civil de 178,8 millones de euros. En total, el juez exige fianzas por un total de 1.200 millones de euros a diez personas, todas ellas imputadas en la causa. A los consejeros Alfonso Paz-Andrade y José Antonio Pérez Nievas le reclama una fianza de 125 y 54,7 millones, respectivamente.
La lista se completa con los dos familiares que, junto a Fernández de Sousa, se sientan en el consejo de Pescanova. Se trata de su hijo, Pablo, y su hermano, Fernando, a los que pide 69,4 millones de euros. Además también deberá poner este dinero encima de la mesa el exconsejero (y antiguo fiel a Sousa) Jesús García, que abandonó Pescanova por sorpresa argumentando "pérdida de confianza" en el hijo del fundador de la multinacional, inmersa en suspensión de pagos. El consejero Robert Albert Williams, amigo de confianza de Sousa, también deberá pagar una fianza. Por último incluye a tres directivos (uno ya jubilado): Joaquín Viña Tamargo (Auditoría), Antonio Táboas Moure (exresponsable del área Financiera, predecesor de Carlos Turci) y Alfredo López (Administración).
Todos ellos deberán declarar como imputados en algo más de un mes, al igual que los representantes que se designen para seis sociedades ligadas a Sousa, Paz-Andrade o Pérez Nievas (también imputadas). El auto de Pablo Ruz se produce apenas diez días antes de la junta general de accionistas de la multinacional, que nombrará un sucesor para Manuel Fernández de Sousa. En todo momento el magistrado ha dado por bueno el criterio de los fiscales Anticorrupción, que apreciaron en los imputados indicios de haber cometido delitos de falseamiento de cuentas, de información financiera, uso de información privilegiada, estafa y falsificación de facturas.

 

Sousa entrega la presidencia de Pescanova bajo la presión judicial y el asedio de los accionistas

Abandona su cargo 33 años después pero continúa siendo consejero - Barreras y Williams, dos aliados históricos, no asisten al cónclave - Grupo Damm quiere nombrar un sustituto antes de la junta general, el 12 de septiembre

 Las 832 palabras de la carta de dimisión de Manuel Fernández de Sousa-Faro pusieron ayer fin a más de medio siglo de saga familiar en Pescanova. El empresario, hijo del fundador de la compañía, José Fernández López, presentó su dimisión como presidente de la multinacional pesquera tras 33 años en el cargo, aunque seguirá siendo consejero. Sousa decidió entregar un mando que era más simbólico que efectivo desde que perdió sus funciones ejecutivas el 25 de abril por orden del juez de lo Mercantil. La fuerza que había mostrado en anteriores consejos se le fue escurriendo entre las manos por la imputación en la Audiencia Nacional, el encontronazo frontal con sus principales socios y un duro informe forense -de KPMG- que deposita en él y en su círculo más próximo la responsabilidad de haber creado una maraña societaria para, supuestamente, ocultar la verdadera situación de Pescanova mediante prácticas "irregulares".

La empresa que heredó y agigantó con préstamos se queda ahora sin presidente, gestionada por la administración concursal (Deloitte) y pendiente de elaborar un plan de viabilidad que garantice su supervivencia más allá de la era Fernández de Sousa. El consejo celebrado ayer en Chapela, cuya fecha inicial estaba prevista para el día 31, se produjo una semana después de hacerse públicas las conclusiones de KPMG. Con apenas 15 minutos de retraso sobre la hora de la convocatoria (11:00 de la mañana), los miembros del cónclave escucharon de boca de Sousa su decisión final: "En el orden del día del 31" figuraba un punto para el de "nombramiento de cargos", dijo. "Tengo que comunicarles que he tomado la decisión de dimitir" argumentando, según fuentes consultadas por este diario, que era "lo mejor para la empresa". FARO adelantó en exclusiva esta propuesta del aún presidente antes de las cuatro de la tarde en su web. El consejo finalizó pasadas las cinco.
Un adiós sin dos amigos
Y Sousa leyó la carta. "Razonada, densa, en la que intenta justificarse, y se despide como consejero", apuntan otras fuentes presentes en la reunión. Uno de sus mayores aliados, el consejero Robert Albert Williams, no asistió a su despedida (delegó el voto en otra persona). Ana Belén Barreras, hija de otro amigo fiel (el empresario vigués José Alberto Barreras, de Transpesca), tampoco. Había enviado su dimisión por carta. Nadie votó contra su decisión de entregar la presidencia, con lo que la marcha de Sousa se convirtió el único voto unánime después de casi seis meses de encontronazos constantes entre los dos bandos en los que se había partido el consejo. "Fue una pelea constante", resumió ayer la reunión un miembro de este órgano ejecutivo (en teoría, en la práctica está vacío de poderes). Solo la toma de posesión de un nuevo miembro, José María Pérez-Carasa, sirvió de impass en la contienda.
El predecesor de éste último en el cargo de representante de Gicsa (empresa de Sousa) en el consejo, Jesús García, incluso ha manifestado su intención de personarse en la Audiencia Nacional como parte perjudicada en el procedimiento que instruye el juez Pablo Ruz. El magistrado ya le ha instado a explicar "en calidad de qué se persona", de acuerdo con una providencia a la que ha tenido acceso FARO. García es empleado de Pescanova desde 1964.
Sousa se va sin tener que ser expulsado por la junta de accionistas, que fue convocada ayer en sesión extraordinaria para el 12 de septiembre. "No quiero eludir la junta" y garantizó su asistencia, pero ya no la presidirá. "Hay instrumentos legales que permiten que se celebre sin presidente", apuntaron desde el entorno de la empresa, mencionando la posibilidad de que se forme una mesa de edad "o algo similar". "Tendrá que escuchar a los socios pero no podrán echarlo", resumía un histórico vinculado a la multinacional.
¿Habrá que esperar ahora al 12 de septiembre para tener presidente? Algunos consejeros creen que sí, pero Grupo Damm (segundo mayor accionista con el 6,2% de los votos) no. "No parece adecuado aguardar dos meses", explicaron desde la compañía catalana. "Tiene que haber un presidente con la credibilidad de la banca y los administradores concursales".
"Nadie es insustituible, yo tampoco lo soy y por tanto mi obligación, llegado este momento, es presentar mi dimisión, cosa que he hecho", dijo Sousa a la salida del consejo. "Ahora corresponderá a otros la siguiente etapa", zanjó, emocionado, en su despedida como presidente.
 

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