Pescanova, la obsesión de Sousa
El informe concursal elaborado por Deloitte sobre Pescanova da cuenta de la existencia, entre los activos del grupo, de dos lanchas patrulleras modelo Rodman, similares a las que usa la Guardia Civil,
nunca utilizadas por la compañía y varadas en las instalaciones del
propio fabricante, valoradas en 2,5 millones de euros. Un amigo íntimo
de Manuel Fernández Sousa, expresidente del grupo,
explica así la existencia de estas dos lanchas: “Manuel las compró
porque quería utilizarlas para liberar un buque de Pescanova que fue
secuestrado en Somalia”.
Efectivamente a finales de 2010 piratas somalíes secuestraron un
pesquero con bandera mozambiqueña operado por Pescanova. Afortunadamente
las gestiones y negociaciones con los secuestradores permitieron la
liberación del barco y la tripulación, haciendo innecesario que
Fernández Sousa acudiera al auxilio del buque a bordo de las dos lanchas
Rodman. Pero la anécdota contada por una persona cercana a la familia
Fernández Sousa, que prefiere permanecer en el anonimato, da una idea de
la implicación que el ejecutivo ha tenido siempre con la compañía.
Pero, señala esta fuente, tanta energía derrochada en algunos momentos
contrastaba con otros de aparente apatía.
Fernández Sousa lleva Pescanova en los genes. Su padre, José Fernández,
creó el grupo en 1960 y veinte años después Manuel Fernández Sousa
accedió a la presidencia convirtiendo a la compañía gallega en una de
las empresas líderes en el mundo en la producción, procesamiento y venta
de pescado. Hasta finales del pasado mes de febrero analistas, medios
de comunicación y competidores alababan la gestión de Fernández Sousa al
frente de Pescanova. Después se ha sabido, según los informes
elaborados por las consultoras KPMG y Deloitte,
que el grupo llevó a cabo operaciones contables irregulares, que,
presuntamente, falseó las cuentas y que la deuda real del grupo supera
los 3.640 millones de euros, cuando hasta septiembre del pasado año
admitía tener 1.522 millones de deuda.
Otra persona allegada al expresidente de Pescanova recuerda que
Fernández Sousa decidió levantar una planta de cría de rodaballo en
Portugal (en Mira, en 2007) “por un calentón”. En principio la idea era
construirla en el cabo de Touriñán, en el municipio de Mugía, en A
Coruña, pero el entonces Gobierno gallego, formado por PSOE y BNG, impidió la operación por situarse en terrenos protegidos. Fernández Sousa no siguió negociando y optó por irse a Portugal.
El administrador concursal de Pescanova concluye en su informe que el
grupo requirió de una fortísima financiación para construir
piscifactorías en medio mundo y que al no producirse los efectos
deseados en el tiempo previsto la compañía solicitó préstamos para
atender a los créditos que había pedido para construir las plantas de
rodaballo, cultivo de langostino o de salmón, entre otras.
¿Se dejó llevar Fernández Sousa a la hora de solicitar créditos por
el mismo impulso que le llevó a adquirir las lanchas Rodman para liberar
el buque secuestrado? El próximo mes de octubre Manuel Fernández Sousa,
imputado por, hasta ahora, cinco presuntos delitos, tendrá oportunidad
de dar explicaciones al juez Pablo Ruz, de la Audiencia Nacional.
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