Sousa trata ahora de defenderse en los medios de comunicación
El presidente de Pescanova admite que habrá empresas del grupo que no podrán seguir
El presidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa, imputado por
el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz junto con otros consejeros e
investigado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, ha
iniciado una campaña de defensa en los medios de comunicación con una
ronda de entrevistas que continuó ayer en distintos periódicos gallegos.
Sousa está imputado por presuntos delitos de falseamiento de
información económico-financiera, falseamiento de cuentas anuales y uso
de información relevante.
Fernández de Sousa admite en esas entrevistas que habrá 'algunas
empresas que no podrán seguir, pero solo serán dos o tres' ante la
situación creada y pretende dar una imagen de normalidad asegurando que
'todo sigue funcionando bien' en Pescanova, incluso afirma que 'ahora
hay más orden que antes'.
A toro pasado, Fernández de Sousa, que admite que la deuda acumulada supera los 3.000 millones de euros, entre la matriz y las filiales -'de memoria no me acuerdo', apostilla en una de las entrevistas-, conjetura con que a lo mejor Pescanova habría podido 'aguantar' sin solicitar el preconcurso de acreedores.
También desvela que en el consejo de administración del 27 de febrero planteó a los accionistas que realizaran las desinversiones que él hizo desde el 4 de diciembre de 2012 como 'una situación puente' para 'apoyar a la compañía', a lo que estos se negaron y le acusaron de usar información privilegiada.
Por lo demás, Fernández de Sousa dice que no se arrepiente de estas operaciones que no comunicó en plazo a la CNMV, niega que exista una contabilidad B en la compañía, y elude valoraciones sobre el hecho de que pusiera algunas propiedades a nombre de su esposa.
Tampoco explica por qué en algunas de las filiales él mismo, gente de su confianza y su hijo salieron de los órganos de administración para poner como administrador único a Pescanova.
A toro pasado, Fernández de Sousa, que admite que la deuda acumulada supera los 3.000 millones de euros, entre la matriz y las filiales -'de memoria no me acuerdo', apostilla en una de las entrevistas-, conjetura con que a lo mejor Pescanova habría podido 'aguantar' sin solicitar el preconcurso de acreedores.
También desvela que en el consejo de administración del 27 de febrero planteó a los accionistas que realizaran las desinversiones que él hizo desde el 4 de diciembre de 2012 como 'una situación puente' para 'apoyar a la compañía', a lo que estos se negaron y le acusaron de usar información privilegiada.
Por lo demás, Fernández de Sousa dice que no se arrepiente de estas operaciones que no comunicó en plazo a la CNMV, niega que exista una contabilidad B en la compañía, y elude valoraciones sobre el hecho de que pusiera algunas propiedades a nombre de su esposa.
Tampoco explica por qué en algunas de las filiales él mismo, gente de su confianza y su hijo salieron de los órganos de administración para poner como administrador único a Pescanova.
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