El laberinto de filiales de Pescanova
De los 3.100 millones de deuda global del grupo, el 80 % corresponden a la matriz
El complejo entramado societario de Pescanova,
con un organigrama que cubre los cinco continentes, ha sido la clave
para mantener fuera de la vista -y de cualquier control- unas cuentas
que el 28 de febrero demostraron tener los pies de barro. Y es que
aunque hasta el momento no han trascendido oficialmente las cifras del
2012, según las fuentes consultadas, la deuda global del grupo asciende a
3.100 millones de euros, es decir, el doble de lo que reconocía tener
al cerrar el año.
De ellos, 2.800 millones se corresponden con
préstamos, mientras que otros 300 se emitieron en bonos. El 80 % de la
deuda global pertenece a la matriz, a Pescanova, que está a la espera de
que el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Pontevedra se pronuncie
sobre su solicitud de concurso voluntario de acreedores, mientras que
otros 620 millones de euros (el 20 % restante) se reparte entre las
subsidiarias.
Como ya ocurriera con los escándalos de la
norteamericana Enron y la italiana Parmalat, todo apunta a que la
multinacional que aún preside -aunque desde ayer en funciones- Manuel
Fernández de Sousa ha usado el laberinto de sus filiales para llevar una
doble contabilidad. Esto reviste especial gravedad en una empresa
cotizada -ha atrapado a multitud de pequeños inversores-, supervisada
por la CNMV y auditada, actualmente por BDO -pese a que Sousa la revocó-
y por KPMG, encargada del análisis forense, es decir, de la búsqueda de
pruebas de delito.
Según confirmaron fuentes de la empresa,
Pescanova remitió ayer al juez que estudia el concurso la documentación
adicional que este le había requerido la pasada semana y cuyo plazo
vencía hoy. En lo que respecta a la banca acreedora, sigue valorando la
reinstauración del steering committee, como Pescanova les pidió, para
negociar. Las fuentes consultadas indicaron que, de constituirse
finalmente, las 46 entidades acreedoras están de acuerdo en que NCG no
debería estar en el comité ya que fue accionista hasta hace menos de dos
años.
Por otra parte, el subdirector xeral de Pesca de
la Xunta, Antonio Rodríguez, en la feria Seafood de Bruselas reconoció
ayer que «la crisis de Pescanova va más allá de lo empresarial, puede
convertirse en una crisis bancaria por los grandes créditos que se le
han concedido».
En la Xunta existe el temor a que los bancos
expuestos a las pérdidas de Pescanova cierren todavía más el grifo de la
financiación a las empresas del sector. Rodríguez aseguró que lamenta
la complicada situación en la que se encuentra la compañía: «Nos
preocupa su futuro, no solo porque hay muchos trabajos en juego. También
por lo que representa para Galicia y España. Pescanova ha sido siempre
la empresa abanderada de la industria agroalimentaria en nuestro país».
La Xunta admite que no puede hacer nada para
poder mitigar los posibles daños en el sector, ya que es «es un problema
empresarial privado, aunque sí podemos fortalecer las ayudas a través
del Igape y otros organismos para aliviar los efectos que pueda tener
esta crisis», dijo.
Dimite de la CGAC
En otro frente, el presidente de Pescanova ha
presentado ante la Consellería de Cultura su dimisión al frente del
patronato del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), que presidía
desde febrero del año 2011. En una próxima reunión del patronato se
formalizarán también las dimisiones de José Luis Méndez y Julio
Fernández Gayoso, exresponsables de Caixa Galicia y Caixanova,
respectivamente.
El complejo entramado societario ha sido clave para ocultar las cuentas
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