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3 de marzo de 2013

La Voz de Galicia

Internacionalización y la apuesta por la acuicultura asfixian a Pescanova

La compañía ha invertido 450 millones en plantas acuícolas en Portugal y Latinoamérica

 En noviembre del año pasado, cuando Pescanova sacó a la luz los números del tercer trimestre, nada hacía presagiar que apenas tres meses después la firma solicitaría el preconcurso de acreedores. La facturación marchaba bien (1.149 millones, un 8,9 % superior a la de un año antes) y las cuentas arrojaban beneficios: 24,9 millones de euros para ser exactos. «En el negocio tradicional los resultados han sido buenos y consistentes», subrayaba entonces la multinacional gallega, que también remarcaba que en la división de acuicultura (salmón, langostino y rodaballo), todo evolucionaba «de acuerdo con las proyecciones»). ¿Qué ha fallado, entonces? ¿Dónde está el problema? En una deuda que, a 30 de septiembre pasado alcanzaba los 1.522 millones de euros: 756 de ellos, a largo plazo; y los otros 756, a corto. ¿Por qué tan elevada? ¿De dónde proviene ese endeudamiento? Pues del enorme esfuerzo inversor realizado en los últimos años por la compañía, embarcada en un ambicioso proyecto de diversificación geográfica y una decidida apuesta por la acuicultura. Son precisamente esos planes de inversión los que la han puesto contra las cuerdas, ahora que el grifo del crédito permanece cerrado a cal y canto.
Así las cosas, la acuicultura, que aporta ya un tercio del beneficio bruto, se ha revelado como la gran china en el zapato del gigante pesquero, hasta el punto de haberlo obligado a parar para tomar aire, a la espera de que fructifique una renegociación de su deuda o cristalicen en un acuerdo las conversaciones para la venta de Acuinova, su división para el cultivo de salmón en Chile.
La apuesta en este sector ha sido fuerte. En los últimos años ha invertido 450 millones (dos veces y media su resultado de explotación) para zambullirse de lleno en la cría de langostino vannamei en Nicaragua, Ecuador, Honduras y Guatemala, y en la de rodaballo con una colosal planta en Mira (Portugal), la mayor del mundo, que ya ha consumido 140 millones y requiere más. Han surgido problemas con la captación de agua y hay que repararla.

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