Internacionalización y la apuesta por la acuicultura asfixian a Pescanova
La compañía ha invertido 450 millones en plantas acuícolas en Portugal y Latinoamérica
En noviembre del año pasado, cuando Pescanova
sacó a la luz los números del tercer trimestre, nada hacía presagiar
que apenas tres meses después la firma solicitaría el preconcurso de
acreedores. La facturación marchaba bien (1.149 millones, un 8,9 %
superior a la de un año antes) y las cuentas arrojaban beneficios: 24,9
millones de euros para ser exactos. «En el negocio tradicional los
resultados han sido buenos y consistentes», subrayaba entonces la
multinacional gallega, que también remarcaba que en la división de
acuicultura (salmón, langostino y rodaballo), todo evolucionaba «de
acuerdo con las proyecciones»). ¿Qué ha fallado, entonces? ¿Dónde está
el problema? En una deuda que, a 30 de septiembre pasado alcanzaba los
1.522 millones de euros: 756 de ellos, a largo plazo; y los otros 756, a
corto. ¿Por qué tan elevada? ¿De dónde proviene ese endeudamiento? Pues
del enorme esfuerzo inversor realizado en los últimos años por la
compañía, embarcada en un ambicioso proyecto de diversificación
geográfica y una decidida apuesta por la acuicultura. Son precisamente
esos planes de inversión los que la han puesto contra las cuerdas, ahora
que el grifo del crédito permanece cerrado a cal y canto.
Así las cosas, la acuicultura, que aporta ya un
tercio del beneficio bruto, se ha revelado como la gran china en el
zapato del gigante pesquero, hasta el punto de haberlo obligado a parar
para tomar aire, a la espera de que fructifique una renegociación de su
deuda o cristalicen en un acuerdo las conversaciones para la venta de
Acuinova, su división para el cultivo de salmón en Chile.
La apuesta en este sector ha sido fuerte. En los
últimos años ha invertido 450 millones (dos veces y media su resultado
de explotación) para zambullirse de lleno en la cría de langostino
vannamei en Nicaragua, Ecuador, Honduras y Guatemala, y en la de
rodaballo con una colosal planta en Mira (Portugal), la mayor del mundo,
que ya ha consumido 140 millones y requiere más. Han surgido problemas
con la captación de agua y hay que repararla.
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