Grafinsa está al borde del cierre ahogada por la falta de crédito
Sus 120 trabajadores iniciaron una huelga para reclamar los atrasos
El escenario vuelve a repetirse: una empresa viable, con carga de trabajo suficiente para salir adelante, puntera a nivel mundial, se encuentra al borde del cierre asfixiada por la falta de crédito. Es el panorama que dibujan los 120 trabajadores de Grafinsa, que ayer iniciaron una huelga indefinida para reclamar las cinco pagas que se les adeudan, tres mensualidades y dos extraordinarias.
Les preocupa su futuro laboral pero, sobre todo, denuncian una gestión desastrosa que, según el presidente del comité, Jairo Pereira, fue posible ir trampeando hasta que la crisis mostró su peor rostro hace un año «y terminó descapitalizándonos». Lo irónico, explica, es que los clientes siguen siendo fieles a esta empresa con sede en Puxeiros, y son varias las multinacionales que la pretenden por ser uno de los referentes mundiales del sector.
La cartera de clientes está en consonancia con ese prestigio. Produce, por ejemplo, para McDonald?s, para la práctica totalidad de las conserveras, para las galletas de Kraft o para queseras como Burgo de Arias y factura alrededor de 15 millones de euros. Aproximadamente el 40 % de su producción se destina a la exportación. Francia, Reino Unido, Holanda, Bélgica, Dinamarca o Portugal son algunos de sus principales mercados.
Precisamente a Portugal estuvo a punto de trasladarse en el 2007. La intervención de la Xunta, que adquirió el 42,02 % de las participaciones y se convirtió en la principal accionista, evitó entonces la deslocalización. Nadie quería perder una firma de la solvencia, la tecnología y el prestigio internacional de Grafinsa.
Por eso una de las primeras puertas a las que han llamado los trabajadores es a las de la Xunta -ante su sede administrativa se concentraron también ayer- y esperan que ayude a subsanar un problema que, dicen, se reduce a que los bancos no adelantan el dinero necesario para comprar materia prima: cartón, tintas, cola...
El comité lo tiene claro: «Hay que relevar a la actual dirección y encontrar un inversor que ponga un millón de euros para capitalizar la empresa. De hecho, si se pone ese dinero no solo sería rentable, sino que habría que contratar más personal porque lo que sobra son pedidos», afirma Pereira, que cifra ese incremento de nómina en 40 personas, más o menos las que ha sido despedidas en el último año. Recuerda asimismo que un posible cierre «no terminará solo con el empleo de los 120 trabajadores del grupo, sino que arrastrará consigo a otras empresas de la zona que nos surten de troqueles, cartón...».
La Xunta ha respondido al SOS de los trabajadores covocándoles a una reunión el próximo lunes.
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